Cada vez que aparece un dictador que tiende a someter a toda una Nación, luego de hacerse cargo del Estado, surgen dudas respecto de la forma en que más conviene definirlo; fascista, marxista, nazi o alguna otra denominación. Ello se debe a que los gobiernos totalitarios han tenido algunas semejanzas, pero también han tenido diferencias notables. Entre las principales semejanzas podemos encontrar las siguientes:
1- Preferencia del dictador por ejercer un gobierno totalitario despreciando al liberalismo (democracia + economía de mercado).
2- Tendencia a tener en la mente un enemigo real o ficticio para justificar su acción política.
3- Aceptación de la posibilidad de la lucha armada y del asesinato de los opositores.
4- Proclamación de consignas dirigidas al hombre masa, no al individuo pensante.
Mientras que los nazis tenían como enemigos a los judíos, los marxistas tenían como enemigos a los empresarios y a la “burguesía” como clase social. En un caso se promovía la discriminación racial mientras que en el otro caso se promovía el odio de clases. Si alguien repite miles de veces que la culpa de todos los males de un país la tiene tal o cual grupo étnico o social, no necesitará ordenar ataques hacia ese sector porque ya ha sembrado la semilla del odio a un nivel generalizado.
Por estas razones, los principales autores intelectuales de los asesinatos masivos ocurridos en el siglo XX son Hitler y Marx, predicando el primero el odio racial y el segundo el odio de clases. Stéphane Curtois escribió:
“Los hechos son testarudos y ponen de manifiesto que los regimenes comunistas cometieron crímenes que afectaron a unas cien millones de personas, contra unos veinticinco millones de personas aproximadamente del nazismo”
“Los mecanismos de segregación y de exclusión del «totalitarismo de clase» se asemejan singularmente a los del «totalitarismo de raza». La sociedad nazi futura debía ser construida alrededor de una «raza pura», la sociedad comunista futura alrededor de un pueblo proletario purificado de toda escoria burguesa. La remodelación de estas dos sociedades fue contemplada de la misma manera, incluso aunque los criterios de exclusión no fueran los mismos” (De “El libro negro del comunismo”- Stéphane Curtois y otros-Ediciones B-Barcelona 2010).
En cuanto a las diferencias de actitud, podemos citar algunas:
1- El nazi, dentro de su peligrosidad, resulta ser más “sincero” que el marxista, ya que manifiesta abiertamente su doctrina destructiva.
2- El nazi desprecia al que supone inferior. mientras que el marxista odia al que supone superior.
Existen relatos de testigos, durante la Segunda Guerra Mundial, que afirman que la ideología nazi no promovía el odio a los judíos, sino que los convencía de que eran seres vivientes de poco valor y que había que eliminarlos con poco o ningún remordimiento. Por el contrario, el marxista se siente inferior, sobre todo económicamente, a sus enemigos y por ello utiliza métodos ocultos ante sus futuras victimas y ante la opinión pública.
Quienes se identifican con las tendencias totalitarias, se sienten personajes “elegidos” (por Dios, por la naturaleza, por la historia, etc.) para llevar a cabo su misión. Al respecto Hitler escribió: “La naturaleza eterna se venga sin piedad cuando se transgreden sus órdenes. Por eso es que creo obrar de acuerdo con los designios del Todopoderoso, nuestro creador, ya que: Al defenderme del judío, combato para defender la obra del señor” (De “Mi doctrina”-Editorial de temas contemporáneos-Buenos Aires 1985).
En el caso del marxismo, sus adeptos se consideran “el pueblo elegido”, el único capaz de captar las ineludibles leyes de la historia. Hanna Arendt escribió: “Los movimientos totalitarios son organizaciones de masas de individuos atomizados y aislados. En comparación con todos los demás partidos y movimientos, su más conspicua característica externa es su exigencia de una lealtad total, irrestricta, incondicional e inalterable del miembro individual. Esta exigencia es formulada por los dirigentes de los movimientos totalitarios incluso antes de la llegada al poder. Precede usualmente a la organización total del país bajo su dominio y se deduce de la afirmación de sus ideologías de que su organización abarcará a su debido tiempo a toda la raza humana” (De “Los orígenes del totalitarismo”-Editorial Aguilar SA-Buenos Aires 2010).
El totalitarismo marxista, por lo general, está motivado por intenciones destructivas como medio para la conquista del poder absoluto. Siendo la mentira su principal arma ideológica, acusan de mentirosos a todos sus opositores, con la consiguiente falta de credibilidad hacia la mayor parte de los medios de información. Hanna Arendt escribió: “No resultó accidental el que sus revolucionarios [europeos] comenzaran a adoptar también el fanatismo revolucionario típicamente ruso que miraba hacia el futuro, no para cambiar las condiciones sociales o políticas, sino para lograr la destrucción radical de todos los credos, valores e instituciones existentes”.
En cuanto al fascismo, desarrollado principalmente en Italia bajo el liderazgo de Benito Mussolini, puede decirse que produjo víctimas a una escala mucho menor que la provocada por el marxismo y por los nazis. Walter Montenegro escribió: “El fascismo proclama: «La inmutable, benéfica y provechosa desigualdad de clases» (Mussolini); el derecho inmanente de los «mejores» a gobernar; la «predestinación» de las elites (los mejores) a manejar los asuntos de la colectividad; el derecho privilegiado de esas elites, sobre el individuo; los principios inviolables de la disciplina, la autoridad y la jerarquía; la misión de «sacrificio y heroísmo de las elites, inspirada en el heroísmo y la santidad»; la actitud de renunciamiento a la comodidad y al bienestar, a cambio de «vivir peligrosamente», en busca de la superación; la supeditación de los valores materiales de la vida a los del espíritu” (De “Introducción a las doctrinas político-económicas”¨-Fondo de Cultura Económica-Bogotá 1956)
A pesar de los catastróficos hechos acontecidos durante el siglo XX, la prédica marxista todavía sigue convenciendo a muchos intelectuales y a las masas de muchos países. Stéphane Curtois escribió: “La atención excepcional otorgada a los crímenes hitlerianos está perfectamente justificada. Responde a la voluntad de los supervivientes de testificar, de los investigadores de comprender y de las autoridades morales y políticas de confirmar los valores democráticos. Pero ¿por qué ese débil eco en la opinión pública de los testimonios relativos a los crímenes comunistas? ¿Por qué ese silencio incómodo de los políticos? Y, sobre todo, ¿por qué ese silencio «académico» sobre la catástrofe comunista que ha afectado, desde hace ochenta años, a cerca de una tercera parte del género humano en cuatro continentes?”.
Esta especie de encubrimiento colectivo ha podido observarse también en la Argentina respecto de la década de los 70. Los marxistas iniciaron una lucha violenta buscando la toma del poder. Esa lucha fue rechazada en forma igualmente violenta, muchas veces en forma ilegal, por parte de las Fuerzas Armadas. Ninguno de los bandos mostró arrepentimiento; incluso el que inició la contienda buscó posteriormente la venganza. La opinión pública ha condenado, merecidamente, el accionar militar, pero ha disculpado totalmente al bando marxista. Abel Posee escribió:
“El «principio de la muerte» estaba instalado en la Argentina desde 1970, desde aquel asesinato-venganza del general Aramburu ejecutado por un grupo de jóvenes peronistas, católicos militantes, que cedieron a la tentación de la «lucha armada» para impulsar el retorno de Perón y desalojar a los militares que usurpaban el poder. De paso se vengaban de los fusilamientos de 1956. Habían optado por la vía del terrorismo y la prolongaron cuando ya el peronismo había ganado las elecciones, con Cámpora, y aún después, con Perón en el poder, y con su viuda”.
“Los jóvenes «trotscristianos» se habían cebado en sangre. Estaban copados por la imagen romántica del guevarismo y de la revolución cubana y creían en la dictadura para desviar el peronismo a un socialismo. Lo cierto es que el 24 de marzo de 1976 la Argentina era un erial agobiado que esperaba el golpe militar como una lluvia de verano que borraría con la resaca politiquera y con la runfla que rodeaba a Isabel Perón”.
“Con la ingenuidad de nuestro irracionalismo político se pensaba en una elección próxima, democrática, recomponedora. La justicia logró censar 22.000 hechos subversivos entre 1969 y 1979, 5215 atentados con explosivos, 1311 robos de armamentos, 1748 secuestros de personas, 1501 asesinatos de empresarios, funcionarios, políticos, periodistas, militares, policías, niños, etc. Galimberti, el más interesante, lúcido y perverso miembro de la fuerza subversiva, pudo decir con naturalidad: «Hubo un día en que matamos a 19 vigilantes»” (De “Consagración de la muerte”-Diario La Nación-Buenos Aires 24/3/2006).
Alguna vez el escritor Aldous Huxley expresó que: “Si hay guerra, es porque la gente quiere que haya guerra”. También podemos decir que si existen los totalitarismos y el terrorismo, es porque la gente quiere que existan y porque existe muy poca predisposición para oponerse a su accionar y a sus ideologías.
jueves, 26 de mayo de 2011
lunes, 3 de enero de 2011
La izquierda igualitaria
Muchos izquierdistas no comparten las opiniones favorables que en estos tiempos recibe la República China. Recordemos que ese país, con un gobierno socialista en lo político, adoptó la economía de mercado desde hace varios años. La no aceptación, por parte de ese sector, proviene de su preferencia por una “economía igualitaria”.
Podemos imaginar el caso de un habitante chino de hace algunos años atrás, cuando carecía de heladera, cocina y otros electrodomésticos. Si alguien le propone un tipo de economía que le permitirá obtener ventajas económicas y así adquirir los elementos que faltan en su hogar, seguramente habría aceptado sin inconvenientes.
Un partidario de la izquierda igualitaria habría advertido que en los años anteriores, la carencia de los artefactos mencionados era compartida por la mayoría de la población, y que en ese entonces había “igualdad”. Se opondrá a la mejora prevista por cuanto es “desigualitaria”, ya que en la economía de mercado unos ganarán más que otros y ello creará “desigualdad social”.
Para la izquierda igualitaria, no es tan importante la pobreza en sí como la desigualdad económica, por cuanto no admite la existencia de otro tipo de valores en las personas. En lugar de observar los problemas económicos individuales, con los inconvenientes asociados a la pobreza, observa los efectos sociales que las mentes competitivas y envidiosas han de padecer. De ahí que para ellos resulta tan válido aumentar el nivel económico de los que menos tienen como reducir el de quienes más poseen.
En lugar de adaptarse a la sociedad y a las leyes naturales que rigen al comportamiento humano, restringiendo el nivel de competitividad y envidia, desde la izquierda igualitaria se pretende todavía que sea el propio orden social el que deba cambiar para evitar el padecimiento de los que no admiten perder en la competencia económica (en la cual no debieron participar). Por el contrario, el individuo que valora los aspectos afectivos y culturales de la vida, dedicará pocos de sus pensamientos a quienes tienen mayores ingresos monetarios.
Luego de los importantes avances económicos logrados en China, y las mejoras sustanciales logradas en algunos países latinoamericanos (Brasil, principalmente), impulsados por gobernantes de origen socialista, podría pensarse que se abrirían las puertas de muchos países a la posibilidad de encontrar en la economía de mercado el principio de la solución de muchos problemas sociales y de pobreza. Sin embargo, sorpresivamente nos encontramos con una tenaz oposición de los que aspiran a ese “socialismo igualitario”.
Incluso para este sector, la mayor ambición y esperanza radica en poder algún día contemplar el colapso total de los EEUU. Ello provocaría también un gran colapso a nivel mundial, pero debemos recordar que la izquierda igualitaria busca siempre la “igualdad”, de ahí que, para ellos, no habría inconvenientes si la catástrofe termina con varios cientos de millones de personas en la miseria, pero eso sí, iguales.
La izquierda igualitaria sigue convencida de los éxitos del socialismo soviético de las primeras épocas, la edad dorada del socialismo. Sin embargo, existen opiniones que afirman que nunca existió tal época dorada. Alexandr Solyenitzin, escritor ruso en la era soviética, expresó en una conferencia dada en EEUU:
“Pero del mismo modo que nos sentimos aliados a ustedes, existe otra alianza…..A primera vista parece extraña, asombrosa, pero pensándolo bien hasta resulta muy fundada y comprensible. Es la alianza de nuestros lideres comunistas y vuestros capitalistas…..Esta alianza no es nueva. El célebre Armand Hammer, que todavía vive, inició esta relación realizando los primeros contactos en vida de Lenin, durante los años iniciales de la revolución. Tales contactos resultaron muy fructíferos y desde aquel entonces prosiguieron a lo largo de cincuenta años, de modo que puede observarse un apoyo ininterrumpido y constante de los hombres de negocio occidentales, quienes ayudaron a los dirigentes comunistas soviéticos en su absurda y torpe orientación económica, que jamás hubiera podido vencer las dificultades que entrañaba sin esa ayuda técnica y material. El mismo Stalin reconoció que dos tercios de todo lo necesario se había recibido de Occidente” (De “En la lucha por la libertad” – Alexandr Solyenitzin - Emecé Editores – Buenos Aires 1976).
Por otra parte, el destacado físico soviético Andrei Sajarov escribió: “La comparación de los logros de la URSS en el campo de la ciencia, la técnica y la economía, con los obtenidos por los países extranjeros lo demuestra con toda claridad. No es casualidad que sea precisamente en nuestro país donde, durante años, se hayan visto privados de su normal desarrollo muchos y prometedores intentos científicos de la biología y la cibernética, mientras, revestidas de suntuosos colores, la demagogia descarada, la ignorancia y la charlatanería ganaban floreciente la luz pública. No es casualidad que hayan sido realizados en otros países todos los hallazgos importantes de la ciencia y de la técnica modernas: la mecánica cuántica, las nuevas partículas elementales, la fisión del uranio; el descubrimiento de los antibióticos y de la mayoría de los nuevos preparados farmacéuticos de alta efectividad; la invención del transistor, de las calculadoras electrónicas y del rayo láser; la generación de nuevas especies vegetales de gran rendimiento agrícola, el descubrimiento de otros componentes de la «revolución verde» y la creación de una nueva tecnología de la agricultura, la industria y la construcción” (De “Mi país y el mundo” – Andrei Sajarov - Editorial Noguer SA – Barcelona 1976).
En cuanto a los intercambios comerciales y tecnológicos concretos, William E. Simon escribió: “La Unión Soviética es vista por muchos norteamericanos y por gente de todo el mundo como ejemplo de una primitiva nación pastoril que se transformo en un gran poder industrial moderno gracias a una sola cosa: colectivización y planificación centralizada”.
“La verdad es muy distinta: el sistema económico soviético no funciona. Desde el principio de su proceso ha debido apoyarse en el capitalismo occidental, sobre todo en el capitalismo norteamericano. Hacia 1921, cuatro años después de la deposición del zar, los bolcheviques habían terminado de destruir la economía zarista y debieron enfrentar los efectos de su revolución. Ante la fuerza de las circunstancias, a Lenin se le ocurrió una idea brillante: abandonaría el «comunismo puro» y crearía su Nueva Política Económica. Así, en ese año, invitó a los capitalistas de Occidente para que reconstruyeran la economía rusa. Lenin se consideró maquiavélico al inventar su Nueva Política Económica que describió como «convivencia industrial con los capitalistas» y declaró: «tan pronto estemos lo suficientemente fuertes como para voltear al capitalismo, lo agarraremos por la garganta»”.
“Los capitalistas occidentales, que no sabían nada de esos venenos ideológicos pero, en cambio, todo lo referente a producción y obtención de beneficios, mordieron la carnada rusa. Lenin les ofreció generosas «concesiones» a cambio de la rápida industrialización de Rusia. Los industriales norteamericanos y europeos cayeron de rodillas en su celo por servir a los soviéticos. Por ejemplo, la International Barnsdall Corporation y la Standard Oil, ganaron licitaciones para excavación de pozos petrolíferos. Stuart, James & Cooke, Inc., reorganizaron las minas de carbón rusas. La International General Electric Company vendió a Moscú equipo eléctrico y otras importantes firmas estadounidenses – Westinghouse, Du Pont, RCA- contribuyeron de diversas maneras”.
“Durante la década del 30 nuestros hombres de negocios embarcaron replicas de complejos centros de producción norteamericana y los instalaron en la Unión Soviética como si fueran gigantescos juegos para armar. La firma Arthur G. Mackee, de Cleveland, proveyó el equipo para las enormes acerías de Magnitogorsk, John G. Calder, de Detroit, equipó e instaló el material para plantas de tractores construidas en Cheliabinsk, Henry Ford y la Austin Company proveyeron los elementos para instalar una gran fábrica de automóviles en Gorki. El coronel Hugh Cooper, creador de Muscle Shoals Dam, diseñó y construyó el gigantesco complejo hidroeléctrico situado en Dniepostroi”.
“Las más grandiosas «realizaciones bolcheviques» de la década del 30 que sirvieron para glorificar al comunismo en todo el mundo y convencieron a dos generaciones de intelectuales norteamericanos y europeos de la potencia económica de la URSS, y de la eficiencia de la planificación centralizada, fueron realizaciones del capitalismo occidental”.
“En 1941 la Unión Soviética pedía desesperadamente ayuda a Occidente para luchar contra los ejércitos de Hitler y entonces se produjo el fenómeno conocido como préstamo-arriendo. Entre 1941 y 1945 una enorme cantidad de bienes fue enviada a Rusia por aire y mar: materia prima, maquinaria, herramientas, plantas industriales completas, etc. Lo que se mandó equivalió a más de un tercio de la producción industrial soviética anterior a la guerra”.
“Una vez concluida la guerra, la dictadura comunista, protegida por acuerdos privados entre Roosevelt y Stalin, saqueó las naciones conquistadas”. “Según Keller informa, el cuarenta y uno por ciento del equipo industrial alemán fue desmantelado, embalado y transportado a Rusia”.
“A lo largo de la década del 50, mientras los soviéticos importaban tecnología, sus exportaciones consistían casi exclusivamente de productos no manufacturados. Durante las décadas del 60 y del 70, el esquema industrial de la URSS era, en esencia, el mismo esquema preindustrial que existía en la década del 20” (De “La hora de la verdad” de William E. Simon –Emecé Editores SA – Buenos Aires 1980).
Mientras que el hombre masa se caracteriza, entre otros aspectos, por no agradecer lo que recibe, sino en ser exigente, el marxista igualitario, siguiendo la actitud de Lenin antes mencionada, no sólo se caracteriza por no agradecer lo que recibe y en ser exigente, ya que también trata de destruir a quien lo favorece.
Podemos imaginar el caso de un habitante chino de hace algunos años atrás, cuando carecía de heladera, cocina y otros electrodomésticos. Si alguien le propone un tipo de economía que le permitirá obtener ventajas económicas y así adquirir los elementos que faltan en su hogar, seguramente habría aceptado sin inconvenientes.
Un partidario de la izquierda igualitaria habría advertido que en los años anteriores, la carencia de los artefactos mencionados era compartida por la mayoría de la población, y que en ese entonces había “igualdad”. Se opondrá a la mejora prevista por cuanto es “desigualitaria”, ya que en la economía de mercado unos ganarán más que otros y ello creará “desigualdad social”.
Para la izquierda igualitaria, no es tan importante la pobreza en sí como la desigualdad económica, por cuanto no admite la existencia de otro tipo de valores en las personas. En lugar de observar los problemas económicos individuales, con los inconvenientes asociados a la pobreza, observa los efectos sociales que las mentes competitivas y envidiosas han de padecer. De ahí que para ellos resulta tan válido aumentar el nivel económico de los que menos tienen como reducir el de quienes más poseen.
En lugar de adaptarse a la sociedad y a las leyes naturales que rigen al comportamiento humano, restringiendo el nivel de competitividad y envidia, desde la izquierda igualitaria se pretende todavía que sea el propio orden social el que deba cambiar para evitar el padecimiento de los que no admiten perder en la competencia económica (en la cual no debieron participar). Por el contrario, el individuo que valora los aspectos afectivos y culturales de la vida, dedicará pocos de sus pensamientos a quienes tienen mayores ingresos monetarios.
Luego de los importantes avances económicos logrados en China, y las mejoras sustanciales logradas en algunos países latinoamericanos (Brasil, principalmente), impulsados por gobernantes de origen socialista, podría pensarse que se abrirían las puertas de muchos países a la posibilidad de encontrar en la economía de mercado el principio de la solución de muchos problemas sociales y de pobreza. Sin embargo, sorpresivamente nos encontramos con una tenaz oposición de los que aspiran a ese “socialismo igualitario”.
Incluso para este sector, la mayor ambición y esperanza radica en poder algún día contemplar el colapso total de los EEUU. Ello provocaría también un gran colapso a nivel mundial, pero debemos recordar que la izquierda igualitaria busca siempre la “igualdad”, de ahí que, para ellos, no habría inconvenientes si la catástrofe termina con varios cientos de millones de personas en la miseria, pero eso sí, iguales.
La izquierda igualitaria sigue convencida de los éxitos del socialismo soviético de las primeras épocas, la edad dorada del socialismo. Sin embargo, existen opiniones que afirman que nunca existió tal época dorada. Alexandr Solyenitzin, escritor ruso en la era soviética, expresó en una conferencia dada en EEUU:
“Pero del mismo modo que nos sentimos aliados a ustedes, existe otra alianza…..A primera vista parece extraña, asombrosa, pero pensándolo bien hasta resulta muy fundada y comprensible. Es la alianza de nuestros lideres comunistas y vuestros capitalistas…..Esta alianza no es nueva. El célebre Armand Hammer, que todavía vive, inició esta relación realizando los primeros contactos en vida de Lenin, durante los años iniciales de la revolución. Tales contactos resultaron muy fructíferos y desde aquel entonces prosiguieron a lo largo de cincuenta años, de modo que puede observarse un apoyo ininterrumpido y constante de los hombres de negocio occidentales, quienes ayudaron a los dirigentes comunistas soviéticos en su absurda y torpe orientación económica, que jamás hubiera podido vencer las dificultades que entrañaba sin esa ayuda técnica y material. El mismo Stalin reconoció que dos tercios de todo lo necesario se había recibido de Occidente” (De “En la lucha por la libertad” – Alexandr Solyenitzin - Emecé Editores – Buenos Aires 1976).
Por otra parte, el destacado físico soviético Andrei Sajarov escribió: “La comparación de los logros de la URSS en el campo de la ciencia, la técnica y la economía, con los obtenidos por los países extranjeros lo demuestra con toda claridad. No es casualidad que sea precisamente en nuestro país donde, durante años, se hayan visto privados de su normal desarrollo muchos y prometedores intentos científicos de la biología y la cibernética, mientras, revestidas de suntuosos colores, la demagogia descarada, la ignorancia y la charlatanería ganaban floreciente la luz pública. No es casualidad que hayan sido realizados en otros países todos los hallazgos importantes de la ciencia y de la técnica modernas: la mecánica cuántica, las nuevas partículas elementales, la fisión del uranio; el descubrimiento de los antibióticos y de la mayoría de los nuevos preparados farmacéuticos de alta efectividad; la invención del transistor, de las calculadoras electrónicas y del rayo láser; la generación de nuevas especies vegetales de gran rendimiento agrícola, el descubrimiento de otros componentes de la «revolución verde» y la creación de una nueva tecnología de la agricultura, la industria y la construcción” (De “Mi país y el mundo” – Andrei Sajarov - Editorial Noguer SA – Barcelona 1976).
En cuanto a los intercambios comerciales y tecnológicos concretos, William E. Simon escribió: “La Unión Soviética es vista por muchos norteamericanos y por gente de todo el mundo como ejemplo de una primitiva nación pastoril que se transformo en un gran poder industrial moderno gracias a una sola cosa: colectivización y planificación centralizada”.
“La verdad es muy distinta: el sistema económico soviético no funciona. Desde el principio de su proceso ha debido apoyarse en el capitalismo occidental, sobre todo en el capitalismo norteamericano. Hacia 1921, cuatro años después de la deposición del zar, los bolcheviques habían terminado de destruir la economía zarista y debieron enfrentar los efectos de su revolución. Ante la fuerza de las circunstancias, a Lenin se le ocurrió una idea brillante: abandonaría el «comunismo puro» y crearía su Nueva Política Económica. Así, en ese año, invitó a los capitalistas de Occidente para que reconstruyeran la economía rusa. Lenin se consideró maquiavélico al inventar su Nueva Política Económica que describió como «convivencia industrial con los capitalistas» y declaró: «tan pronto estemos lo suficientemente fuertes como para voltear al capitalismo, lo agarraremos por la garganta»”.
“Los capitalistas occidentales, que no sabían nada de esos venenos ideológicos pero, en cambio, todo lo referente a producción y obtención de beneficios, mordieron la carnada rusa. Lenin les ofreció generosas «concesiones» a cambio de la rápida industrialización de Rusia. Los industriales norteamericanos y europeos cayeron de rodillas en su celo por servir a los soviéticos. Por ejemplo, la International Barnsdall Corporation y la Standard Oil, ganaron licitaciones para excavación de pozos petrolíferos. Stuart, James & Cooke, Inc., reorganizaron las minas de carbón rusas. La International General Electric Company vendió a Moscú equipo eléctrico y otras importantes firmas estadounidenses – Westinghouse, Du Pont, RCA- contribuyeron de diversas maneras”.
“Durante la década del 30 nuestros hombres de negocios embarcaron replicas de complejos centros de producción norteamericana y los instalaron en la Unión Soviética como si fueran gigantescos juegos para armar. La firma Arthur G. Mackee, de Cleveland, proveyó el equipo para las enormes acerías de Magnitogorsk, John G. Calder, de Detroit, equipó e instaló el material para plantas de tractores construidas en Cheliabinsk, Henry Ford y la Austin Company proveyeron los elementos para instalar una gran fábrica de automóviles en Gorki. El coronel Hugh Cooper, creador de Muscle Shoals Dam, diseñó y construyó el gigantesco complejo hidroeléctrico situado en Dniepostroi”.
“Las más grandiosas «realizaciones bolcheviques» de la década del 30 que sirvieron para glorificar al comunismo en todo el mundo y convencieron a dos generaciones de intelectuales norteamericanos y europeos de la potencia económica de la URSS, y de la eficiencia de la planificación centralizada, fueron realizaciones del capitalismo occidental”.
“En 1941 la Unión Soviética pedía desesperadamente ayuda a Occidente para luchar contra los ejércitos de Hitler y entonces se produjo el fenómeno conocido como préstamo-arriendo. Entre 1941 y 1945 una enorme cantidad de bienes fue enviada a Rusia por aire y mar: materia prima, maquinaria, herramientas, plantas industriales completas, etc. Lo que se mandó equivalió a más de un tercio de la producción industrial soviética anterior a la guerra”.
“Una vez concluida la guerra, la dictadura comunista, protegida por acuerdos privados entre Roosevelt y Stalin, saqueó las naciones conquistadas”. “Según Keller informa, el cuarenta y uno por ciento del equipo industrial alemán fue desmantelado, embalado y transportado a Rusia”.
“A lo largo de la década del 50, mientras los soviéticos importaban tecnología, sus exportaciones consistían casi exclusivamente de productos no manufacturados. Durante las décadas del 60 y del 70, el esquema industrial de la URSS era, en esencia, el mismo esquema preindustrial que existía en la década del 20” (De “La hora de la verdad” de William E. Simon –Emecé Editores SA – Buenos Aires 1980).
Mientras que el hombre masa se caracteriza, entre otros aspectos, por no agradecer lo que recibe, sino en ser exigente, el marxista igualitario, siguiendo la actitud de Lenin antes mencionada, no sólo se caracteriza por no agradecer lo que recibe y en ser exigente, ya que también trata de destruir a quien lo favorece.
domingo, 29 de agosto de 2010
Explotación laboral
El marxismo fundamenta sus críticas al capitalismo privado aduciendo la existencia de explotación laboral desde el empresariado hacia los trabajadores. Por ello proponen abolir tal sistema para reemplazarlo por el socialismo, o capitalismo estatal. En este sistema económico, el Estado (o quienes lo dirigen) será el propietario de todos los medios de producción. Pero nadie garantiza que no vaya a existir explotación laboral bajo el nuevo régimen. La médica cubana Hilda Molina escribió:
“Mi primera jornada en el hospital de Mostaganem resultó esclarecedora. Al firmar mi contrato comprobé que el gobierno cubano cobraba muchas divisas por mi trabajo, tantas que la cifra final ascendió a más de un cuarto de millón de dólares. Yo, al igual que el resto de mis compatriotas, recibía sólo un pequeño estipendio en dinares argelinos que apenas garantizaba la supervivencia, al tiempo que en Cuba entregaban a mi madre mi modesto salario en pesos cubanos”.
“Supe también que mi presencia en Argelia no obedecía a una situación de catástrofe. El verdadero motivo era que los neurocirujanos de ese país se negaban a trabajar en Mostaganem y preferían hacerlo en ciudades más importantes con vistas a satisfacer sus intereses lucrativos. Conocí además que a los galenos cubanos nos obligaban a residir cual becarios adolescentes, varios en un mismo apartamento. Y confirmé que, tanto para las autoridades de la isla como para sus representantes en Argelia, los especialistas de la salud no éramos más que una dotación de esclavos ingenuos, obedientes, abnegados y excelentes productores de dólares”.
“….Y yo, una indefensa mujer, viajaba sola junta al chofer hasta el hospital donde en horario nocturno únicamente trabajaban hombres argelinos. El peligro que esto implicaba para mi seguridad y para mi salud no importaba ni a los diplomáticos ni a los funcionarios cubanos. A ellos solamente les interesaban las divisas que el régimen recaudaba por cada una de mis guardias, los dólares que fluían a partir de mi riesgoso trabajo y de mis inolvidables dolorosos sacrificios” (Del libro “Mi verdad” de Hilda Molina – Pág.151-152 – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010).
Luego de una sucesión casi interminable de fracasos, los marxistas ni siquiera tienen la menor predisposición a comparar a la antigua Alemania Occidental, con su “milagro alemán”, con la Alemania Oriental (socialista), que tuvo que cerrar una de sus fronteras con la muralla de Berlín. Tampoco se dignan comparar a la antigua China socialista de Mao Tse Tung con la floreciente China que adhiere a la economía de mercado.
En el capitalismo privado, cuando alguien siente que es explotado laboralmente, tiene tres opciones para evadir la situación: puede solicitar trabajo en otra empresa, puede trabajar por cuenta propia o bien puede irse a otra ciudad o a otro país, por lo que puede denominarse tal situación laboral como una esclavitud circunstancial. En el capitalismo estatal, como es el caso de Cuba, el cambio de empresa implica quedar trabajando para el mismo “dueño”, el Estado, mientras que está prohibida toda actividad laboral individual o privada y también es casi imposible abandonar el país, por lo que tal situación laboral y social puede denominarse “esclavitud forzada”, algo ya superado por muchos países desde hace varios siglos.
Cabe establecer, como conclusión inmediata, que carece de sentido perder el tiempo en discusiones en las que no se tiene en cuenta la realidad y que sólo se apunta a la toma del poder por parte de un minúsculo sector de la sociedad. Eso sí, debe reconocerse, tal sector ha logrado convencer, con sus pobres argumentos, a un masivo sector de la población. Aunque alguna razón tienen, ya que Marx había pronosticado el derrumbe del capitalismo, tal como ocurrió en el caso del ex Imperio Soviético, de la China socialista y de muchos otros países. Justamente, cayeron primeramente los capitalismos estatales cuyo establecimiento fue favorecido por las prédicas del propio Marx.
Respecto al capitalismo privado, su mejora comenzará a producirse cuando se critique a los que especulan y a los que poco o nada producen, en lugar de hacerlo con los sectores productivos de la sociedad suponiendo que necesariamente han de ser “explotadores” de sus empleados.
En cuanto a la ex Unión Soviética, su último líder, Mijail Gorbachov, expresó: “Un serio obstáculo en el camino de las transformaciones fue el inmenso estrato intermedio de la administración, los funcionarios políticos y estatales para los que el régimen creado bajo Stalin era algo «propio», el medio natural, una fuente de privilegios y de poder prácticamente incontrolable sobre los individuos” (De “Memorias de los años decisivos 1985-1992” de Mijael Gorbachov – Ed. Globus Comunicación – Madrid 1994)
En el socialismo teórico, se considera “explotación laboral” a toda dependencia laboral fuera del sistema socialista, ya que se propone que cada empleado sea en realidad un “socio” más en toda empresa. De ahí aquella frase que sugiere: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Es decir, el empresario, capaz de crear y llevar adelante un emprendimiento empresarial, debe hacerlo sin pretender ganar más que sus empleados, por cuanto estos tienen sus mismas necesidades. En el socialismo real, por el contrario, al establecerse la “dictadura del proletariado”, la clase dirigente marxista se encarga de explotar al resto de la población.
Todo esto, que para muchos no resulta ser una novedad, hace surgir una pregunta: ¿Porqué existe tanta admiración por Fidel Castro o por el Che Guevara?. Cabe una respuesta: “Porque el que odia a mi enemigo (EEUU) es mi amigo”. En muchos países, es tan grande el odio hacia EEUU que se llega a simpatizar con quienes promueven la explotación laboral y la esclavitud forzada. Recordemos que una emisora de Buenos Aires hizo una encuesta, luego del atentado a las torres de Nueva York, para conocer el porcentaje de quienes adherían a la exclamación de Hebe de Bonafini de que “había festejado el atentado”, y resultó un cincuenta y cinco por ciento de adhesiones a favor.
La creencia marxista en la culpabilidad empresarial por los males de la sociedad, ha sido bastante aceptada por la mayoría. Incluso se supone que el delincuente común es alguien previamente marginado de aquélla (debido al “monopolio empresarial” y la “explotación laboral”) por lo cual se lo exime de culpas y se lo trata de reinsertar rápidamente en la sociedad, favoreciendo la violencia urbana que produce diariamente gran cantidad de victimas inocentes.
El trabajo de los menores de edad es un hecho indeseado, ya que en nuestra época es imprescindible poseer cierta capacitación, además de los otros beneficios que brinda el estudio. Pero habrá muchos adolescentes que no quieren estudiar, por lo que en otras épocas aprovechaba el tiempo aprendiendo algún oficio. Sin embargo, actualmente, la prohibición al trabajo de los menores responde a cierta necesidad de protegerlos de la “explotación laboral” que, se supone, necesariamente se ha de dar en la sociedad de capitalismo privado. Asociada a la no imputabilidad de los menores ante delitos cometidos, se les provoca un grave daño por cuanto, al llegar a la mayoría de edad, no tienen hábitos laborales y hasta pueden haber llegado a un paso de la delincuencia.
Debemos tratar de priorizar la realidad en cuanto existan diferencias con las opiniones de Marx. El escritor Aldous Huxley alguna vez expresó: “Si hay guerra es porque la gente quiere que haya guerra”. Ahora podemos decir que, si existe violencia urbana, es porque las ideas predominantes en la sociedad la favorecen.
“Mi primera jornada en el hospital de Mostaganem resultó esclarecedora. Al firmar mi contrato comprobé que el gobierno cubano cobraba muchas divisas por mi trabajo, tantas que la cifra final ascendió a más de un cuarto de millón de dólares. Yo, al igual que el resto de mis compatriotas, recibía sólo un pequeño estipendio en dinares argelinos que apenas garantizaba la supervivencia, al tiempo que en Cuba entregaban a mi madre mi modesto salario en pesos cubanos”.
“Supe también que mi presencia en Argelia no obedecía a una situación de catástrofe. El verdadero motivo era que los neurocirujanos de ese país se negaban a trabajar en Mostaganem y preferían hacerlo en ciudades más importantes con vistas a satisfacer sus intereses lucrativos. Conocí además que a los galenos cubanos nos obligaban a residir cual becarios adolescentes, varios en un mismo apartamento. Y confirmé que, tanto para las autoridades de la isla como para sus representantes en Argelia, los especialistas de la salud no éramos más que una dotación de esclavos ingenuos, obedientes, abnegados y excelentes productores de dólares”.
“….Y yo, una indefensa mujer, viajaba sola junta al chofer hasta el hospital donde en horario nocturno únicamente trabajaban hombres argelinos. El peligro que esto implicaba para mi seguridad y para mi salud no importaba ni a los diplomáticos ni a los funcionarios cubanos. A ellos solamente les interesaban las divisas que el régimen recaudaba por cada una de mis guardias, los dólares que fluían a partir de mi riesgoso trabajo y de mis inolvidables dolorosos sacrificios” (Del libro “Mi verdad” de Hilda Molina – Pág.151-152 – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010).
Luego de una sucesión casi interminable de fracasos, los marxistas ni siquiera tienen la menor predisposición a comparar a la antigua Alemania Occidental, con su “milagro alemán”, con la Alemania Oriental (socialista), que tuvo que cerrar una de sus fronteras con la muralla de Berlín. Tampoco se dignan comparar a la antigua China socialista de Mao Tse Tung con la floreciente China que adhiere a la economía de mercado.
En el capitalismo privado, cuando alguien siente que es explotado laboralmente, tiene tres opciones para evadir la situación: puede solicitar trabajo en otra empresa, puede trabajar por cuenta propia o bien puede irse a otra ciudad o a otro país, por lo que puede denominarse tal situación laboral como una esclavitud circunstancial. En el capitalismo estatal, como es el caso de Cuba, el cambio de empresa implica quedar trabajando para el mismo “dueño”, el Estado, mientras que está prohibida toda actividad laboral individual o privada y también es casi imposible abandonar el país, por lo que tal situación laboral y social puede denominarse “esclavitud forzada”, algo ya superado por muchos países desde hace varios siglos.
Cabe establecer, como conclusión inmediata, que carece de sentido perder el tiempo en discusiones en las que no se tiene en cuenta la realidad y que sólo se apunta a la toma del poder por parte de un minúsculo sector de la sociedad. Eso sí, debe reconocerse, tal sector ha logrado convencer, con sus pobres argumentos, a un masivo sector de la población. Aunque alguna razón tienen, ya que Marx había pronosticado el derrumbe del capitalismo, tal como ocurrió en el caso del ex Imperio Soviético, de la China socialista y de muchos otros países. Justamente, cayeron primeramente los capitalismos estatales cuyo establecimiento fue favorecido por las prédicas del propio Marx.
Respecto al capitalismo privado, su mejora comenzará a producirse cuando se critique a los que especulan y a los que poco o nada producen, en lugar de hacerlo con los sectores productivos de la sociedad suponiendo que necesariamente han de ser “explotadores” de sus empleados.
En cuanto a la ex Unión Soviética, su último líder, Mijail Gorbachov, expresó: “Un serio obstáculo en el camino de las transformaciones fue el inmenso estrato intermedio de la administración, los funcionarios políticos y estatales para los que el régimen creado bajo Stalin era algo «propio», el medio natural, una fuente de privilegios y de poder prácticamente incontrolable sobre los individuos” (De “Memorias de los años decisivos 1985-1992” de Mijael Gorbachov – Ed. Globus Comunicación – Madrid 1994)
En el socialismo teórico, se considera “explotación laboral” a toda dependencia laboral fuera del sistema socialista, ya que se propone que cada empleado sea en realidad un “socio” más en toda empresa. De ahí aquella frase que sugiere: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Es decir, el empresario, capaz de crear y llevar adelante un emprendimiento empresarial, debe hacerlo sin pretender ganar más que sus empleados, por cuanto estos tienen sus mismas necesidades. En el socialismo real, por el contrario, al establecerse la “dictadura del proletariado”, la clase dirigente marxista se encarga de explotar al resto de la población.
Todo esto, que para muchos no resulta ser una novedad, hace surgir una pregunta: ¿Porqué existe tanta admiración por Fidel Castro o por el Che Guevara?. Cabe una respuesta: “Porque el que odia a mi enemigo (EEUU) es mi amigo”. En muchos países, es tan grande el odio hacia EEUU que se llega a simpatizar con quienes promueven la explotación laboral y la esclavitud forzada. Recordemos que una emisora de Buenos Aires hizo una encuesta, luego del atentado a las torres de Nueva York, para conocer el porcentaje de quienes adherían a la exclamación de Hebe de Bonafini de que “había festejado el atentado”, y resultó un cincuenta y cinco por ciento de adhesiones a favor.
La creencia marxista en la culpabilidad empresarial por los males de la sociedad, ha sido bastante aceptada por la mayoría. Incluso se supone que el delincuente común es alguien previamente marginado de aquélla (debido al “monopolio empresarial” y la “explotación laboral”) por lo cual se lo exime de culpas y se lo trata de reinsertar rápidamente en la sociedad, favoreciendo la violencia urbana que produce diariamente gran cantidad de victimas inocentes.
El trabajo de los menores de edad es un hecho indeseado, ya que en nuestra época es imprescindible poseer cierta capacitación, además de los otros beneficios que brinda el estudio. Pero habrá muchos adolescentes que no quieren estudiar, por lo que en otras épocas aprovechaba el tiempo aprendiendo algún oficio. Sin embargo, actualmente, la prohibición al trabajo de los menores responde a cierta necesidad de protegerlos de la “explotación laboral” que, se supone, necesariamente se ha de dar en la sociedad de capitalismo privado. Asociada a la no imputabilidad de los menores ante delitos cometidos, se les provoca un grave daño por cuanto, al llegar a la mayoría de edad, no tienen hábitos laborales y hasta pueden haber llegado a un paso de la delincuencia.
Debemos tratar de priorizar la realidad en cuanto existan diferencias con las opiniones de Marx. El escritor Aldous Huxley alguna vez expresó: “Si hay guerra es porque la gente quiere que haya guerra”. Ahora podemos decir que, si existe violencia urbana, es porque las ideas predominantes en la sociedad la favorecen.
domingo, 9 de mayo de 2010
El "amor" de un líder por su pueblo...
Hilda Molina escribe:
“El 14 de Octubre (de 1962), el gobierno de EEUU había detectado la presencia de bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, por lo que el presidente John F. Kennedy decretó el cerco total de nuestra isla. Aunque el líder de la Unión Soviética, Nikita Krushev, se dispuso a buscar una solución a ese gravísimo conflicto, Fidel Castro, con su habitual intransigencia e irresponsabilidad, recomendó a los soviéticos el ataque a EEUU sin importarle que su insensible proposición implicara el exterminio del pueblo de Cuba y el lanzamiento del mundo al holocausto nuclear.”
(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.66) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)
“El 14 de Octubre (de 1962), el gobierno de EEUU había detectado la presencia de bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, por lo que el presidente John F. Kennedy decretó el cerco total de nuestra isla. Aunque el líder de la Unión Soviética, Nikita Krushev, se dispuso a buscar una solución a ese gravísimo conflicto, Fidel Castro, con su habitual intransigencia e irresponsabilidad, recomendó a los soviéticos el ataque a EEUU sin importarle que su insensible proposición implicara el exterminio del pueblo de Cuba y el lanzamiento del mundo al holocausto nuclear.”
(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.66) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)
El súbdito ideal
Escribe Hilda Molina:
“El prototipo de ciudadano ideal al régimen de Fidel Castro debe amar sobre todas las cosas al Estado y a su máximo líder, amarlos más que a Dios y más que a su propia familia; y rendirle, extasiado de emoción, un culto idolátrico al Comandante, convencido de que él es la sumatoria sacrosanta de la patria, la nación, el himno y la bandera. Ese ciudadano, que bajo ningún concepto puede ser católico, en infinita muestra de gratitud por las limosnas que le ofrece el gobierno, debe renunciar con alegría a su identidad y a todas las libertades y derechos que Dios le concedió al crearlo único e irrepetible.
No puede pensar con su propio cerebro, sino a través de los pensamientos de Fidel Castro y de su Partido Comunista; y, pletórico de dicha, debe destrozar sus propios sueños para hacer realidad los sueños y caprichos del Comandante. Ese ciudadano tiene que observar con obsecuencia y satisfacción los privilegios de la jerarquía dirigente y de sus familiares, y aplaudir y elogiar tales privilegios.
Aunque constate por doquier la descomposición social que corroe las entrañas de la patria: vicios, violencia, corrupción, prostitución….debe sentirse feliz de vivir en la sociedad más pura y limpia del mundo y en el país que es cuna y hogar del «hombre nuevo».
Tiene que llorar de felicidad, de orgullo y de emoción cuando es designado para cumplir cualquier misión del Comandante, no importa que ésta sea por tiempo indefinido y lejos de la patria. Ese ciudadano ideal, no obstante el peligro real de morir o quedar mutilado, debe marchar embargado de gozo de pelear en guerras ajenas para hacer feliz al Comandante.
Tiene que vibrar de admiración, de orgullo y de satisfacción cuando el Comandante insulte públicamente a los capitalistas al tiempo que mantiene una amistad entrañable con individuos que son paradigmas del capitalismo salvaje. Debe sentirse honrado y feliz si Fidel Castro y su revolución le dan la oportunidad de convertirse en sirviente o en esclavo de cualquier extranjero, no importa si es un aventurero o hasta un delincuente.
Ese ciudadano hipotéticamente ideal debe esforzarse al máximo para producir muchas divisas y llenarse de júbilo cuando los jefes del gobierno y del Partido cobran esas divisas. El ciudadano ideal al régimen de Fidel Castro debe agradecer a su Comandante la extraordinaria posibilidad de ser un individuo de última categoría en su propio país y de vivir en una Cuba para los extranjeros.
Debe comprender, pero bien comprendido, que él no es merecedor de ningún reconocimiento, porque su alegría mayor es hacer entrega sistemática de sus propios triunfos, méritos, logros, éxitos y hazañas y transferirlos al Comandante, único y verdadero héroe de la nación.
Ese hipotético ciudadano ideal debe reverenciar y rendir perenne tributo de gratitud a Fidel Castro cuando el máximo líder y su régimen le secuestren el alma, lo despersonalicen, le destrocen la autoestima, le pulvericen las esperanzas y los sueños, y lo transformen en un miembro sin nombre de una multitud sumisa y aterrorizada”
(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.312 a 313) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)
miércoles, 5 de mayo de 2010
Fidel Castro; un auténtico marxista
Escribe la médica cubana Hilda Molina:
“…..Pero el Fidel Castro original nunca estuvo satisfecho consigo mismo. Él ambicionaba ser el hombre más importante del planeta, el mejor del mundo y, frustrado porque sus humanas limitaciones le impedían satisfacer sus anhelos sobrehumanos, desarrolló un odio visceral hacia sí mismo. Fidel Castro se odiaba y, no conforme con su propio yo, cual un Frankestein contemporáneo y caribeño, se inventó, se fabricó otro Fidel Castro. ¿Cómo lo hizo? Aniquiló su alma, metamorfoseó su frustración en un ego descomunal y sumó ese ego a su carisma y a su privilegiada inteligencia, adiciones estas que generaron un monstruo capaz de apropiarse de un poder ilimitado y vitalicio. Y ha sido mediante ese poder, que él lo imagina lo equipara con Dios, que Fidel Castro ha alcanzado su obsesiva meta de erigirse en el mejor del mundo en todo. ¿Cómo? Ejerciendo una suerte de vampirismo emocional y espiritual, apoderándose de las voluntades y de las almas de millones de seres humanos cubanos y de otras tierras. Émulo inveterado de Alejandro Magno, cuyo nombre adoptó como su propio «nombre de guerra», Fidel Castro usó su poder para atribuirse los méritos militares de algunos cubanos bajo su mando, a los que puso al frente de las tropas cubanas que no sólo se involucraron en guerras ajenas y en aventuras bélicas en casi todos los continentes, sino que además fabricaron guerras desestabilizadoras en numerosos países”.
“Su poder le permitió también convertirse en un neurocirujano famoso, secuestrando la voluntad de la neurocirujano cubana que había roto esquemas en su país y que había logrado, con tesón y humildad, insertarse por derecho propio en la comunidad científica internacional. Gracias a su poder ha podido adjudicarse los méritos de miles de sacrificados y talentosos profesionales de la salud de la isla, transformándose en el héroe de la medicina cubana. De igual forma y desde el poder, ha usurpado los méritos de sus mejores compatriotas, y así ha sido y es el alfabetizador y el maestro más admirado del mundo, un multilaureado deportista olímpico, el mejor científico, el mejor profesor, el mejor músico, el mejor obrero agrícola, el mejor ingeniero……”
“Su omnímodo poder lo constituyó desde 1959 en dueño absoluto de Cuba, isla a la que ha manejado cual su hacienda particular, y en el amo inmisericorde de una dotación de más de once millones de esclavos, dotación por cierto repleta de esclavos cultos, inteligentes, creativos…..esclavos de lujo”.
“El culto a la personalidad de Fidel Castro tenía y tiene una de sus más insultantes expresiones en la magnitud y calidad de los servicios médicos concebidos, organizados y estructurados para su exclusiva atención. Me consta que disponía de tres clínicas, al menos de una ambulancia-hospital, y de una Unidad de Cuidados Intensivos emplazada en su avión particular”.
“Ignoro las características de los servicios médicos con que cuentan los jefes de Estado de otros países, pero opino que es totalmente censurable que en un mundo donde tantos seres humanos mueren por carecer hasta de un médico, existen mandatarios que, cual hace Fidel Castro, utilicen el poder no para servir a sus pueblos, sino para autoasignarse servicios de salud privilegiados, costosos y exclusivos, únicamente para ellos, y a los que los pueblos no tienen acceso”.
“Me duele el dolor de mi patria por la espantosa realidad que nos ha tocado vivir. Me duelen las realidades sobre Fidel Castro y su personalidad que he podido constatar a través de los sistemáticos intercambios que durante más de seis años sostuve con él. Porque Fidel Castro es sin duda un psicópata, un sociópata, o la síntesis de ambos. Y pertenece a la terrible cofradía de «iluminados», de «elegidos» que vienen al mundo cíclicamente y en cualquier lugar del orbe para devorar almas, destrozar autoestimas, pulverizar esperanzas, esparcir odio, conculcar derechos, pisotear libertades y convertir a sus conciudadanos en manadas sumisas, aterrorizadas y despersonalizadas. Ningún ser humano dueño de una personalidad mínimamente normal y con al menos un poco de alma y de corazón, es capaz de erigirse en Dios absoluto de sus congéneres ni de arrogarse la potestad de regir los pensamientos, las ideas, los gustos y los sentimientos de sus semejantes. Fidel Castro, al igual que los otros «iluminados» del pasado y del presente, ha decretado y decreta la ejecución física o la no menos asesina ejecución moral de todos aquellos que, aun pacíficamente, se deciden a recuperar sus voluntades, a recobrar sus identidades, a pensar con sus cerebros y a sentir con sus almas”
(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.264 a 267) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)
“…..Pero el Fidel Castro original nunca estuvo satisfecho consigo mismo. Él ambicionaba ser el hombre más importante del planeta, el mejor del mundo y, frustrado porque sus humanas limitaciones le impedían satisfacer sus anhelos sobrehumanos, desarrolló un odio visceral hacia sí mismo. Fidel Castro se odiaba y, no conforme con su propio yo, cual un Frankestein contemporáneo y caribeño, se inventó, se fabricó otro Fidel Castro. ¿Cómo lo hizo? Aniquiló su alma, metamorfoseó su frustración en un ego descomunal y sumó ese ego a su carisma y a su privilegiada inteligencia, adiciones estas que generaron un monstruo capaz de apropiarse de un poder ilimitado y vitalicio. Y ha sido mediante ese poder, que él lo imagina lo equipara con Dios, que Fidel Castro ha alcanzado su obsesiva meta de erigirse en el mejor del mundo en todo. ¿Cómo? Ejerciendo una suerte de vampirismo emocional y espiritual, apoderándose de las voluntades y de las almas de millones de seres humanos cubanos y de otras tierras. Émulo inveterado de Alejandro Magno, cuyo nombre adoptó como su propio «nombre de guerra», Fidel Castro usó su poder para atribuirse los méritos militares de algunos cubanos bajo su mando, a los que puso al frente de las tropas cubanas que no sólo se involucraron en guerras ajenas y en aventuras bélicas en casi todos los continentes, sino que además fabricaron guerras desestabilizadoras en numerosos países”.
“Su poder le permitió también convertirse en un neurocirujano famoso, secuestrando la voluntad de la neurocirujano cubana que había roto esquemas en su país y que había logrado, con tesón y humildad, insertarse por derecho propio en la comunidad científica internacional. Gracias a su poder ha podido adjudicarse los méritos de miles de sacrificados y talentosos profesionales de la salud de la isla, transformándose en el héroe de la medicina cubana. De igual forma y desde el poder, ha usurpado los méritos de sus mejores compatriotas, y así ha sido y es el alfabetizador y el maestro más admirado del mundo, un multilaureado deportista olímpico, el mejor científico, el mejor profesor, el mejor músico, el mejor obrero agrícola, el mejor ingeniero……”
“Su omnímodo poder lo constituyó desde 1959 en dueño absoluto de Cuba, isla a la que ha manejado cual su hacienda particular, y en el amo inmisericorde de una dotación de más de once millones de esclavos, dotación por cierto repleta de esclavos cultos, inteligentes, creativos…..esclavos de lujo”.
“El culto a la personalidad de Fidel Castro tenía y tiene una de sus más insultantes expresiones en la magnitud y calidad de los servicios médicos concebidos, organizados y estructurados para su exclusiva atención. Me consta que disponía de tres clínicas, al menos de una ambulancia-hospital, y de una Unidad de Cuidados Intensivos emplazada en su avión particular”.
“Ignoro las características de los servicios médicos con que cuentan los jefes de Estado de otros países, pero opino que es totalmente censurable que en un mundo donde tantos seres humanos mueren por carecer hasta de un médico, existen mandatarios que, cual hace Fidel Castro, utilicen el poder no para servir a sus pueblos, sino para autoasignarse servicios de salud privilegiados, costosos y exclusivos, únicamente para ellos, y a los que los pueblos no tienen acceso”.
“Me duele el dolor de mi patria por la espantosa realidad que nos ha tocado vivir. Me duelen las realidades sobre Fidel Castro y su personalidad que he podido constatar a través de los sistemáticos intercambios que durante más de seis años sostuve con él. Porque Fidel Castro es sin duda un psicópata, un sociópata, o la síntesis de ambos. Y pertenece a la terrible cofradía de «iluminados», de «elegidos» que vienen al mundo cíclicamente y en cualquier lugar del orbe para devorar almas, destrozar autoestimas, pulverizar esperanzas, esparcir odio, conculcar derechos, pisotear libertades y convertir a sus conciudadanos en manadas sumisas, aterrorizadas y despersonalizadas. Ningún ser humano dueño de una personalidad mínimamente normal y con al menos un poco de alma y de corazón, es capaz de erigirse en Dios absoluto de sus congéneres ni de arrogarse la potestad de regir los pensamientos, las ideas, los gustos y los sentimientos de sus semejantes. Fidel Castro, al igual que los otros «iluminados» del pasado y del presente, ha decretado y decreta la ejecución física o la no menos asesina ejecución moral de todos aquellos que, aun pacíficamente, se deciden a recuperar sus voluntades, a recobrar sus identidades, a pensar con sus cerebros y a sentir con sus almas”
(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.264 a 267) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)
martes, 8 de septiembre de 2009
Ahora Chávez
Ante la amenaza potencial que se cierne sobre Sudamérica, debida a los preparativos de Hugo Chávez y sus aliados, una gran parte de Sudamérica rechaza, quizás por ser una herejía contra el socialismo, la natural y legítima defensa que deriva de un mínimo de patriotismo que debería surgir en estas circunstancias.
Esto lo vemos en el caso argentino, en donde gran parte de la población considera ilegítima la defensa del país llevada a cabo por las Fuerzas Armadas ante el embate de tropas “socialistas” en la década de los setenta. Incluso existe cierta idolatría por el Che Guevara, líder de aquél movimiento que se proponía la universalidad socialista. Simplemente se sigue el “mandamiento ético” de Lenín: “Moral es lo que favorece el advenimiento del comunismo; inmoral lo contrario”, por lo cual “inmoral” es tratar de defenderse de ese advenimiento.
Esto también lo vemos en nuestros días cuando se reclama contra Colombia por haberse aliado militarmente con los EEUU. La actitud colombiana es “inmoral” porque el triunfo del socialismo es más importante que la libertad y la dignidad nacional. De igual forma, se considera que es “moral” el comportamiento de los guerrilleros de las FARC, y de otros grupos terroristas, ya que sólo cuentan los fines y no los medios utilizados en la lucha.
Hugo Chávez y sus aliados tienen el derecho y el deber de impulsar el socialismo en toda la América Latina, pero los países en cuestión no tienen ni siquiera el derecho a la defensa. La religión socialista parece hacer prevalecer sus sagrados principios, al menos para una gran parte de los pobladores del continente.
Los locos también matan
Por Carlos Alberto Montaner
Hugo Chávez construirá 20 bases militares en Bolivia. Las bases estarán situadas en las cinco fronteras que dispone el país: Chile, Perú, Paraguay, Argentina y Brasil. Esas instalaciones quedarán bajo el control de militares venezolanos y cubanos en complicidad con soldados bolivianos. Seguramente los cubanos tendrán pasaporte e identidad de Venezuela. No es tan fácil distinguirlos. Son parecidos hasta en las virtudes y defectos.
El costo de los nuevos armamentos venezolanos ascenderá a 30.000 millones de dólares. Venezuela se ha convertido en el primer comprador internacional de armas y equipos militares.
El plan recoge un viejo sueño y una antigua concepción estratégica de Fidel Castro y Che Guevara: convertir a Bolivia, situada en el corazón de América Latina, en el bastión subversivo de Sudamérica, Esa convicción le costó la vida al Che en 1967. Es un país desde el que se puede desestabilizar toda la región andina alentando los conflictos étnicos. Es un país, pronto con bases adecuadas, desde donde podrán operar los nuevos aviones de combate adquiridos por Chávez a Rusia. Supongo que los chilenos, primer blanco en la mirilla del militar venezolano dispuesto a “bañarse en el mar bolivariano”, habrán tomado nota del enorme peligro que a medio plazo se cierne sobre ellos.
Y Chávez, de acuerdo con Evo Morales, se propone seducir y reclutar a los bolivianos para su aventura revolucionaria mediante un gigantesco plan asistencialista que incluye tratamientos médicos, alfabetización y abundante comida. Está seguro de que esa ayuda masiva demolerá cualquier suspicacia nacionalista. Ya es una figura muy apreciada por las masas bolivianas y lo será más aún en el futuro. Bolivia es el país más pobre del continente.
Varios cientos de millones de dólares convenientemente repartidos, calcula Chávez, pueden lograr el milagro de desatar la adhesión entusiasta de los más necesitados y la complicidad de los grupos radicales, a la causa de la conquista redentora de América Latina para el socialismo del siglo XXI.
Lo que estamos contemplando es la consecuencia de una cierta visión delirante de la historia y de la realidad política planetaria. Hace meses, en diciembre pasado, lo explicó en Caracas el canciller cubano Felipe Pérez Roque y el mundo cometió la imbecilidad de no prestarle atención.
Fidel Castro y Hugo Chávez, que son dos personajes absolutamente mesiánicos, sin vestigios de prudencia ni sentido del límite, llegaron a la conclusión de que el marxismo había revivido tras la debacle que hace quince años puso fin a la URSS y a sus satélites europeos. De donde derivaban la sagrada misión que ambos asumían con la responsabilidad y el entusiasmo de los cruzados: Caracas y La Habana llevarían sobre sus hombros la tarea de redimir a la humanidad cobardemente abandonada por Moscú.
Ese es el espeluznante cuadro que tenemos ante nuestros ojos: Caracas, La Habana, y ahora La Paz, son el nuevo Moscú, madre y padre del socialismo mundial.
Y la tarea que se han asignado comienza por la conquista revolucionaria de Sudamérica y la instalación en todas estas naciones de gobiernos afines que colaboran en la batalla final contra “el Imperialismo”. ¿Cuál es esa batalla?. Obviamente, poner de rodillas a EEUU y a sus despreciables acólicos europeos.
Terminar para siempre con la explotación inicua del tercer mundo mediante la creación de una grandiosa civilización colectivista e igualitaria que reinará eternamente para la gloria de la humanidad.
Sería un inmenso error descartar este proyecto de conquista sólo porque se trata de la descabellada locura de unos personajes que no tomaron Prozac a tiempo. El Tercer Reich de los nazis no era menos loco o absurdo y le costó al planeta cuarenta millones de muertos y el monstruoso holocausto.
Cuba es una empobrecida isla del Tercer Mundo, hambreada y sin esperanzas, lo que no le impidió a su gobierno participar en exitosos golpes de Estado en Madagascar y en Yemen, o que sus tropas pelearan durante quince años en sangrientas guerras africanas, tanto en Angola como en Etiopía.
Chávez, con los petrodólares, el auxilio y la dirección de los cubanos, expertos y fogueados, está construyendo el mayor ejército de habla hispana. Un millón doscientos mil hombres que tendrán a su disposición la más destructiva fuerza aérea de toda Sudamérica.
Cuando este aparato esté engrasado no vacilará en utilizarlo, como sucedió con las fuerzas armadas cubanas. Una vez que el órgano esté disponible, inevitablemente se pondrá en funcionamiento. No importa que Chávez esté loco. Los locos también matan.
Esto lo vemos en el caso argentino, en donde gran parte de la población considera ilegítima la defensa del país llevada a cabo por las Fuerzas Armadas ante el embate de tropas “socialistas” en la década de los setenta. Incluso existe cierta idolatría por el Che Guevara, líder de aquél movimiento que se proponía la universalidad socialista. Simplemente se sigue el “mandamiento ético” de Lenín: “Moral es lo que favorece el advenimiento del comunismo; inmoral lo contrario”, por lo cual “inmoral” es tratar de defenderse de ese advenimiento.
Esto también lo vemos en nuestros días cuando se reclama contra Colombia por haberse aliado militarmente con los EEUU. La actitud colombiana es “inmoral” porque el triunfo del socialismo es más importante que la libertad y la dignidad nacional. De igual forma, se considera que es “moral” el comportamiento de los guerrilleros de las FARC, y de otros grupos terroristas, ya que sólo cuentan los fines y no los medios utilizados en la lucha.
Hugo Chávez y sus aliados tienen el derecho y el deber de impulsar el socialismo en toda la América Latina, pero los países en cuestión no tienen ni siquiera el derecho a la defensa. La religión socialista parece hacer prevalecer sus sagrados principios, al menos para una gran parte de los pobladores del continente.
Los locos también matan
Por Carlos Alberto Montaner
Hugo Chávez construirá 20 bases militares en Bolivia. Las bases estarán situadas en las cinco fronteras que dispone el país: Chile, Perú, Paraguay, Argentina y Brasil. Esas instalaciones quedarán bajo el control de militares venezolanos y cubanos en complicidad con soldados bolivianos. Seguramente los cubanos tendrán pasaporte e identidad de Venezuela. No es tan fácil distinguirlos. Son parecidos hasta en las virtudes y defectos.
El costo de los nuevos armamentos venezolanos ascenderá a 30.000 millones de dólares. Venezuela se ha convertido en el primer comprador internacional de armas y equipos militares.
El plan recoge un viejo sueño y una antigua concepción estratégica de Fidel Castro y Che Guevara: convertir a Bolivia, situada en el corazón de América Latina, en el bastión subversivo de Sudamérica, Esa convicción le costó la vida al Che en 1967. Es un país desde el que se puede desestabilizar toda la región andina alentando los conflictos étnicos. Es un país, pronto con bases adecuadas, desde donde podrán operar los nuevos aviones de combate adquiridos por Chávez a Rusia. Supongo que los chilenos, primer blanco en la mirilla del militar venezolano dispuesto a “bañarse en el mar bolivariano”, habrán tomado nota del enorme peligro que a medio plazo se cierne sobre ellos.
Y Chávez, de acuerdo con Evo Morales, se propone seducir y reclutar a los bolivianos para su aventura revolucionaria mediante un gigantesco plan asistencialista que incluye tratamientos médicos, alfabetización y abundante comida. Está seguro de que esa ayuda masiva demolerá cualquier suspicacia nacionalista. Ya es una figura muy apreciada por las masas bolivianas y lo será más aún en el futuro. Bolivia es el país más pobre del continente.
Varios cientos de millones de dólares convenientemente repartidos, calcula Chávez, pueden lograr el milagro de desatar la adhesión entusiasta de los más necesitados y la complicidad de los grupos radicales, a la causa de la conquista redentora de América Latina para el socialismo del siglo XXI.
Lo que estamos contemplando es la consecuencia de una cierta visión delirante de la historia y de la realidad política planetaria. Hace meses, en diciembre pasado, lo explicó en Caracas el canciller cubano Felipe Pérez Roque y el mundo cometió la imbecilidad de no prestarle atención.
Fidel Castro y Hugo Chávez, que son dos personajes absolutamente mesiánicos, sin vestigios de prudencia ni sentido del límite, llegaron a la conclusión de que el marxismo había revivido tras la debacle que hace quince años puso fin a la URSS y a sus satélites europeos. De donde derivaban la sagrada misión que ambos asumían con la responsabilidad y el entusiasmo de los cruzados: Caracas y La Habana llevarían sobre sus hombros la tarea de redimir a la humanidad cobardemente abandonada por Moscú.
Ese es el espeluznante cuadro que tenemos ante nuestros ojos: Caracas, La Habana, y ahora La Paz, son el nuevo Moscú, madre y padre del socialismo mundial.
Y la tarea que se han asignado comienza por la conquista revolucionaria de Sudamérica y la instalación en todas estas naciones de gobiernos afines que colaboran en la batalla final contra “el Imperialismo”. ¿Cuál es esa batalla?. Obviamente, poner de rodillas a EEUU y a sus despreciables acólicos europeos.
Terminar para siempre con la explotación inicua del tercer mundo mediante la creación de una grandiosa civilización colectivista e igualitaria que reinará eternamente para la gloria de la humanidad.
Sería un inmenso error descartar este proyecto de conquista sólo porque se trata de la descabellada locura de unos personajes que no tomaron Prozac a tiempo. El Tercer Reich de los nazis no era menos loco o absurdo y le costó al planeta cuarenta millones de muertos y el monstruoso holocausto.
Cuba es una empobrecida isla del Tercer Mundo, hambreada y sin esperanzas, lo que no le impidió a su gobierno participar en exitosos golpes de Estado en Madagascar y en Yemen, o que sus tropas pelearan durante quince años en sangrientas guerras africanas, tanto en Angola como en Etiopía.
Chávez, con los petrodólares, el auxilio y la dirección de los cubanos, expertos y fogueados, está construyendo el mayor ejército de habla hispana. Un millón doscientos mil hombres que tendrán a su disposición la más destructiva fuerza aérea de toda Sudamérica.
Cuando este aparato esté engrasado no vacilará en utilizarlo, como sucedió con las fuerzas armadas cubanas. Una vez que el órgano esté disponible, inevitablemente se pondrá en funcionamiento. No importa que Chávez esté loco. Los locos también matan.
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