domingo, 29 de agosto de 2010

Explotación laboral

El marxismo fundamenta sus críticas al capitalismo privado aduciendo la existencia de explotación laboral desde el empresariado hacia los trabajadores. Por ello proponen abolir tal sistema para reemplazarlo por el socialismo, o capitalismo estatal. En este sistema económico, el Estado (o quienes lo dirigen) será el propietario de todos los medios de producción. Pero nadie garantiza que no vaya a existir explotación laboral bajo el nuevo régimen. La médica cubana Hilda Molina escribió:

“Mi primera jornada en el hospital de Mostaganem resultó esclarecedora. Al firmar mi contrato comprobé que el gobierno cubano cobraba muchas divisas por mi trabajo, tantas que la cifra final ascendió a más de un cuarto de millón de dólares. Yo, al igual que el resto de mis compatriotas, recibía sólo un pequeño estipendio en dinares argelinos que apenas garantizaba la supervivencia, al tiempo que en Cuba entregaban a mi madre mi modesto salario en pesos cubanos”.

“Supe también que mi presencia en Argelia no obedecía a una situación de catástrofe. El verdadero motivo era que los neurocirujanos de ese país se negaban a trabajar en Mostaganem y preferían hacerlo en ciudades más importantes con vistas a satisfacer sus intereses lucrativos. Conocí además que a los galenos cubanos nos obligaban a residir cual becarios adolescentes, varios en un mismo apartamento. Y confirmé que, tanto para las autoridades de la isla como para sus representantes en Argelia, los especialistas de la salud no éramos más que una dotación de esclavos ingenuos, obedientes, abnegados y excelentes productores de dólares”.

“….Y yo, una indefensa mujer, viajaba sola junta al chofer hasta el hospital donde en horario nocturno únicamente trabajaban hombres argelinos. El peligro que esto implicaba para mi seguridad y para mi salud no importaba ni a los diplomáticos ni a los funcionarios cubanos. A ellos solamente les interesaban las divisas que el régimen recaudaba por cada una de mis guardias, los dólares que fluían a partir de mi riesgoso trabajo y de mis inolvidables dolorosos sacrificios” (Del libro “Mi verdad” de Hilda Molina – Pág.151-152 – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010).

Luego de una sucesión casi interminable de fracasos, los marxistas ni siquiera tienen la menor predisposición a comparar a la antigua Alemania Occidental, con su “milagro alemán”, con la Alemania Oriental (socialista), que tuvo que cerrar una de sus fronteras con la muralla de Berlín. Tampoco se dignan comparar a la antigua China socialista de Mao Tse Tung con la floreciente China que adhiere a la economía de mercado.

En el capitalismo privado, cuando alguien siente que es explotado laboralmente, tiene tres opciones para evadir la situación: puede solicitar trabajo en otra empresa, puede trabajar por cuenta propia o bien puede irse a otra ciudad o a otro país, por lo que puede denominarse tal situación laboral como una esclavitud circunstancial. En el capitalismo estatal, como es el caso de Cuba, el cambio de empresa implica quedar trabajando para el mismo “dueño”, el Estado, mientras que está prohibida toda actividad laboral individual o privada y también es casi imposible abandonar el país, por lo que tal situación laboral y social puede denominarse “esclavitud forzada”, algo ya superado por muchos países desde hace varios siglos.

Cabe establecer, como conclusión inmediata, que carece de sentido perder el tiempo en discusiones en las que no se tiene en cuenta la realidad y que sólo se apunta a la toma del poder por parte de un minúsculo sector de la sociedad. Eso sí, debe reconocerse, tal sector ha logrado convencer, con sus pobres argumentos, a un masivo sector de la población. Aunque alguna razón tienen, ya que Marx había pronosticado el derrumbe del capitalismo, tal como ocurrió en el caso del ex Imperio Soviético, de la China socialista y de muchos otros países. Justamente, cayeron primeramente los capitalismos estatales cuyo establecimiento fue favorecido por las prédicas del propio Marx.

Respecto al capitalismo privado, su mejora comenzará a producirse cuando se critique a los que especulan y a los que poco o nada producen, en lugar de hacerlo con los sectores productivos de la sociedad suponiendo que necesariamente han de ser “explotadores” de sus empleados.

En cuanto a la ex Unión Soviética, su último líder, Mijail Gorbachov, expresó: “Un serio obstáculo en el camino de las transformaciones fue el inmenso estrato intermedio de la administración, los funcionarios políticos y estatales para los que el régimen creado bajo Stalin era algo «propio», el medio natural, una fuente de privilegios y de poder prácticamente incontrolable sobre los individuos” (De “Memorias de los años decisivos 1985-1992” de Mijael Gorbachov – Ed. Globus Comunicación – Madrid 1994)

En el socialismo teórico, se considera “explotación laboral” a toda dependencia laboral fuera del sistema socialista, ya que se propone que cada empleado sea en realidad un “socio” más en toda empresa. De ahí aquella frase que sugiere: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. Es decir, el empresario, capaz de crear y llevar adelante un emprendimiento empresarial, debe hacerlo sin pretender ganar más que sus empleados, por cuanto estos tienen sus mismas necesidades. En el socialismo real, por el contrario, al establecerse la “dictadura del proletariado”, la clase dirigente marxista se encarga de explotar al resto de la población.

Todo esto, que para muchos no resulta ser una novedad, hace surgir una pregunta: ¿Porqué existe tanta admiración por Fidel Castro o por el Che Guevara?. Cabe una respuesta: “Porque el que odia a mi enemigo (EEUU) es mi amigo”. En muchos países, es tan grande el odio hacia EEUU que se llega a simpatizar con quienes promueven la explotación laboral y la esclavitud forzada. Recordemos que una emisora de Buenos Aires hizo una encuesta, luego del atentado a las torres de Nueva York, para conocer el porcentaje de quienes adherían a la exclamación de Hebe de Bonafini de que “había festejado el atentado”, y resultó un cincuenta y cinco por ciento de adhesiones a favor.

La creencia marxista en la culpabilidad empresarial por los males de la sociedad, ha sido bastante aceptada por la mayoría. Incluso se supone que el delincuente común es alguien previamente marginado de aquélla (debido al “monopolio empresarial” y la “explotación laboral”) por lo cual se lo exime de culpas y se lo trata de reinsertar rápidamente en la sociedad, favoreciendo la violencia urbana que produce diariamente gran cantidad de victimas inocentes.

El trabajo de los menores de edad es un hecho indeseado, ya que en nuestra época es imprescindible poseer cierta capacitación, además de los otros beneficios que brinda el estudio. Pero habrá muchos adolescentes que no quieren estudiar, por lo que en otras épocas aprovechaba el tiempo aprendiendo algún oficio. Sin embargo, actualmente, la prohibición al trabajo de los menores responde a cierta necesidad de protegerlos de la “explotación laboral” que, se supone, necesariamente se ha de dar en la sociedad de capitalismo privado. Asociada a la no imputabilidad de los menores ante delitos cometidos, se les provoca un grave daño por cuanto, al llegar a la mayoría de edad, no tienen hábitos laborales y hasta pueden haber llegado a un paso de la delincuencia.

Debemos tratar de priorizar la realidad en cuanto existan diferencias con las opiniones de Marx. El escritor Aldous Huxley alguna vez expresó: “Si hay guerra es porque la gente quiere que haya guerra”. Ahora podemos decir que, si existe violencia urbana, es porque las ideas predominantes en la sociedad la favorecen.

domingo, 9 de mayo de 2010

El "amor" de un líder por su pueblo...

Hilda Molina escribe:

“El 14 de Octubre (de 1962), el gobierno de EEUU había detectado la presencia de bases soviéticas de misiles nucleares en Cuba, por lo que el presidente John F. Kennedy decretó el cerco total de nuestra isla. Aunque el líder de la Unión Soviética, Nikita Krushev, se dispuso a buscar una solución a ese gravísimo conflicto, Fidel Castro, con su habitual intransigencia e irresponsabilidad, recomendó a los soviéticos el ataque a EEUU sin importarle que su insensible proposición implicara el exterminio del pueblo de Cuba y el lanzamiento del mundo al holocausto nuclear.”


(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.66) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)

El súbdito ideal


Escribe Hilda Molina:

“El prototipo de ciudadano ideal al régimen de Fidel Castro debe amar sobre todas las cosas al Estado y a su máximo líder, amarlos más que a Dios y más que a su propia familia; y rendirle, extasiado de emoción, un culto idolátrico al Comandante, convencido de que él es la sumatoria sacrosanta de la patria, la nación, el himno y la bandera. Ese ciudadano, que bajo ningún concepto puede ser católico, en infinita muestra de gratitud por las limosnas que le ofrece el gobierno, debe renunciar con alegría a su identidad y a todas las libertades y derechos que Dios le concedió al crearlo único e irrepetible.

No puede pensar con su propio cerebro, sino a través de los pensamientos de Fidel Castro y de su Partido Comunista; y, pletórico de dicha, debe destrozar sus propios sueños para hacer realidad los sueños y caprichos del Comandante. Ese ciudadano tiene que observar con obsecuencia y satisfacción los privilegios de la jerarquía dirigente y de sus familiares, y aplaudir y elogiar tales privilegios.
Aunque constate por doquier la descomposición social que corroe las entrañas de la patria: vicios, violencia, corrupción, prostitución….debe sentirse feliz de vivir en la sociedad más pura y limpia del mundo y en el país que es cuna y hogar del «hombre nuevo».

Tiene que llorar de felicidad, de orgullo y de emoción cuando es designado para cumplir cualquier misión del Comandante, no importa que ésta sea por tiempo indefinido y lejos de la patria. Ese ciudadano ideal, no obstante el peligro real de morir o quedar mutilado, debe marchar embargado de gozo de pelear en guerras ajenas para hacer feliz al Comandante.

Tiene que vibrar de admiración, de orgullo y de satisfacción cuando el Comandante insulte públicamente a los capitalistas al tiempo que mantiene una amistad entrañable con individuos que son paradigmas del capitalismo salvaje. Debe sentirse honrado y feliz si Fidel Castro y su revolución le dan la oportunidad de convertirse en sirviente o en esclavo de cualquier extranjero, no importa si es un aventurero o hasta un delincuente.

Ese ciudadano hipotéticamente ideal debe esforzarse al máximo para producir muchas divisas y llenarse de júbilo cuando los jefes del gobierno y del Partido cobran esas divisas. El ciudadano ideal al régimen de Fidel Castro debe agradecer a su Comandante la extraordinaria posibilidad de ser un individuo de última categoría en su propio país y de vivir en una Cuba para los extranjeros.

Debe comprender, pero bien comprendido, que él no es merecedor de ningún reconocimiento, porque su alegría mayor es hacer entrega sistemática de sus propios triunfos, méritos, logros, éxitos y hazañas y transferirlos al Comandante, único y verdadero héroe de la nación.

Ese hipotético ciudadano ideal debe reverenciar y rendir perenne tributo de gratitud a Fidel Castro cuando el máximo líder y su régimen le secuestren el alma, lo despersonalicen, le destrocen la autoestima, le pulvericen las esperanzas y los sueños, y lo transformen en un miembro sin nombre de una multitud sumisa y aterrorizada”


(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.312 a 313) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)

miércoles, 5 de mayo de 2010

Fidel Castro; un auténtico marxista

Escribe la médica cubana Hilda Molina:

“…..Pero el Fidel Castro original nunca estuvo satisfecho consigo mismo. Él ambicionaba ser el hombre más importante del planeta, el mejor del mundo y, frustrado porque sus humanas limitaciones le impedían satisfacer sus anhelos sobrehumanos, desarrolló un odio visceral hacia sí mismo. Fidel Castro se odiaba y, no conforme con su propio yo, cual un Frankestein contemporáneo y caribeño, se inventó, se fabricó otro Fidel Castro. ¿Cómo lo hizo? Aniquiló su alma, metamorfoseó su frustración en un ego descomunal y sumó ese ego a su carisma y a su privilegiada inteligencia, adiciones estas que generaron un monstruo capaz de apropiarse de un poder ilimitado y vitalicio. Y ha sido mediante ese poder, que él lo imagina lo equipara con Dios, que Fidel Castro ha alcanzado su obsesiva meta de erigirse en el mejor del mundo en todo. ¿Cómo? Ejerciendo una suerte de vampirismo emocional y espiritual, apoderándose de las voluntades y de las almas de millones de seres humanos cubanos y de otras tierras. Émulo inveterado de Alejandro Magno, cuyo nombre adoptó como su propio «nombre de guerra», Fidel Castro usó su poder para atribuirse los méritos militares de algunos cubanos bajo su mando, a los que puso al frente de las tropas cubanas que no sólo se involucraron en guerras ajenas y en aventuras bélicas en casi todos los continentes, sino que además fabricaron guerras desestabilizadoras en numerosos países”.

“Su poder le permitió también convertirse en un neurocirujano famoso, secuestrando la voluntad de la neurocirujano cubana que había roto esquemas en su país y que había logrado, con tesón y humildad, insertarse por derecho propio en la comunidad científica internacional. Gracias a su poder ha podido adjudicarse los méritos de miles de sacrificados y talentosos profesionales de la salud de la isla, transformándose en el héroe de la medicina cubana. De igual forma y desde el poder, ha usurpado los méritos de sus mejores compatriotas, y así ha sido y es el alfabetizador y el maestro más admirado del mundo, un multilaureado deportista olímpico, el mejor científico, el mejor profesor, el mejor músico, el mejor obrero agrícola, el mejor ingeniero……”

“Su omnímodo poder lo constituyó desde 1959 en dueño absoluto de Cuba, isla a la que ha manejado cual su hacienda particular, y en el amo inmisericorde de una dotación de más de once millones de esclavos, dotación por cierto repleta de esclavos cultos, inteligentes, creativos…..esclavos de lujo”.

“El culto a la personalidad de Fidel Castro tenía y tiene una de sus más insultantes expresiones en la magnitud y calidad de los servicios médicos concebidos, organizados y estructurados para su exclusiva atención. Me consta que disponía de tres clínicas, al menos de una ambulancia-hospital, y de una Unidad de Cuidados Intensivos emplazada en su avión particular”.

“Ignoro las características de los servicios médicos con que cuentan los jefes de Estado de otros países, pero opino que es totalmente censurable que en un mundo donde tantos seres humanos mueren por carecer hasta de un médico, existen mandatarios que, cual hace Fidel Castro, utilicen el poder no para servir a sus pueblos, sino para autoasignarse servicios de salud privilegiados, costosos y exclusivos, únicamente para ellos, y a los que los pueblos no tienen acceso”.

“Me duele el dolor de mi patria por la espantosa realidad que nos ha tocado vivir. Me duelen las realidades sobre Fidel Castro y su personalidad que he podido constatar a través de los sistemáticos intercambios que durante más de seis años sostuve con él. Porque Fidel Castro es sin duda un psicópata, un sociópata, o la síntesis de ambos. Y pertenece a la terrible cofradía de «iluminados», de «elegidos» que vienen al mundo cíclicamente y en cualquier lugar del orbe para devorar almas, destrozar autoestimas, pulverizar esperanzas, esparcir odio, conculcar derechos, pisotear libertades y convertir a sus conciudadanos en manadas sumisas, aterrorizadas y despersonalizadas. Ningún ser humano dueño de una personalidad mínimamente normal y con al menos un poco de alma y de corazón, es capaz de erigirse en Dios absoluto de sus congéneres ni de arrogarse la potestad de regir los pensamientos, las ideas, los gustos y los sentimientos de sus semejantes. Fidel Castro, al igual que los otros «iluminados» del pasado y del presente, ha decretado y decreta la ejecución física o la no menos asesina ejecución moral de todos aquellos que, aun pacíficamente, se deciden a recuperar sus voluntades, a recobrar sus identidades, a pensar con sus cerebros y a sentir con sus almas”

(Extractos de “Mi verdad” de Hilda Molina – (Pág.264 a 267) – Grupo Editorial Planeta SAIC – Buenos Aires 2010)


martes, 8 de septiembre de 2009

Ahora Chávez

Ante la amenaza potencial que se cierne sobre Sudamérica, debida a los preparativos de Hugo Chávez y sus aliados, una gran parte de Sudamérica rechaza, quizás por ser una herejía contra el socialismo, la natural y legítima defensa que deriva de un mínimo de patriotismo que debería surgir en estas circunstancias.

Esto lo vemos en el caso argentino, en donde gran parte de la población considera ilegítima la defensa del país llevada a cabo por las Fuerzas Armadas ante el embate de tropas “socialistas” en la década de los setenta. Incluso existe cierta idolatría por el Che Guevara, líder de aquél movimiento que se proponía la universalidad socialista. Simplemente se sigue el “mandamiento ético” de Lenín: “Moral es lo que favorece el advenimiento del comunismo; inmoral lo contrario”, por lo cual “inmoral” es tratar de defenderse de ese advenimiento.

Esto también lo vemos en nuestros días cuando se reclama contra Colombia por haberse aliado militarmente con los EEUU. La actitud colombiana es “inmoral” porque el triunfo del socialismo es más importante que la libertad y la dignidad nacional. De igual forma, se considera que es “moral” el comportamiento de los guerrilleros de las FARC, y de otros grupos terroristas, ya que sólo cuentan los fines y no los medios utilizados en la lucha.

Hugo Chávez y sus aliados tienen el derecho y el deber de impulsar el socialismo en toda la América Latina, pero los países en cuestión no tienen ni siquiera el derecho a la defensa. La religión socialista parece hacer prevalecer sus sagrados principios, al menos para una gran parte de los pobladores del continente.


Los locos también matan

Por Carlos Alberto Montaner

Hugo Chávez construirá 20 bases militares en Bolivia. Las bases estarán situadas en las cinco fronteras que dispone el país: Chile, Perú, Paraguay, Argentina y Brasil. Esas instalaciones quedarán bajo el control de militares venezolanos y cubanos en complicidad con soldados bolivianos. Seguramente los cubanos tendrán pasaporte e identidad de Venezuela. No es tan fácil distinguirlos. Son parecidos hasta en las virtudes y defectos.

El costo de los nuevos armamentos venezolanos ascenderá a 30.000 millones de dólares. Venezuela se ha convertido en el primer comprador internacional de armas y equipos militares.

El plan recoge un viejo sueño y una antigua concepción estratégica de Fidel Castro y Che Guevara: convertir a Bolivia, situada en el corazón de América Latina, en el bastión subversivo de Sudamérica, Esa convicción le costó la vida al Che en 1967. Es un país desde el que se puede desestabilizar toda la región andina alentando los conflictos étnicos. Es un país, pronto con bases adecuadas, desde donde podrán operar los nuevos aviones de combate adquiridos por Chávez a Rusia. Supongo que los chilenos, primer blanco en la mirilla del militar venezolano dispuesto a “bañarse en el mar bolivariano”, habrán tomado nota del enorme peligro que a medio plazo se cierne sobre ellos.

Y Chávez, de acuerdo con Evo Morales, se propone seducir y reclutar a los bolivianos para su aventura revolucionaria mediante un gigantesco plan asistencialista que incluye tratamientos médicos, alfabetización y abundante comida. Está seguro de que esa ayuda masiva demolerá cualquier suspicacia nacionalista. Ya es una figura muy apreciada por las masas bolivianas y lo será más aún en el futuro. Bolivia es el país más pobre del continente.

Varios cientos de millones de dólares convenientemente repartidos, calcula Chávez, pueden lograr el milagro de desatar la adhesión entusiasta de los más necesitados y la complicidad de los grupos radicales, a la causa de la conquista redentora de América Latina para el socialismo del siglo XXI.

Lo que estamos contemplando es la consecuencia de una cierta visión delirante de la historia y de la realidad política planetaria. Hace meses, en diciembre pasado, lo explicó en Caracas el canciller cubano Felipe Pérez Roque y el mundo cometió la imbecilidad de no prestarle atención.

Fidel Castro y Hugo Chávez, que son dos personajes absolutamente mesiánicos, sin vestigios de prudencia ni sentido del límite, llegaron a la conclusión de que el marxismo había revivido tras la debacle que hace quince años puso fin a la URSS y a sus satélites europeos. De donde derivaban la sagrada misión que ambos asumían con la responsabilidad y el entusiasmo de los cruzados: Caracas y La Habana llevarían sobre sus hombros la tarea de redimir a la humanidad cobardemente abandonada por Moscú.

Ese es el espeluznante cuadro que tenemos ante nuestros ojos: Caracas, La Habana, y ahora La Paz, son el nuevo Moscú, madre y padre del socialismo mundial.

Y la tarea que se han asignado comienza por la conquista revolucionaria de Sudamérica y la instalación en todas estas naciones de gobiernos afines que colaboran en la batalla final contra “el Imperialismo”. ¿Cuál es esa batalla?. Obviamente, poner de rodillas a EEUU y a sus despreciables acólicos europeos.

Terminar para siempre con la explotación inicua del tercer mundo mediante la creación de una grandiosa civilización colectivista e igualitaria que reinará eternamente para la gloria de la humanidad.

Sería un inmenso error descartar este proyecto de conquista sólo porque se trata de la descabellada locura de unos personajes que no tomaron Prozac a tiempo. El Tercer Reich de los nazis no era menos loco o absurdo y le costó al planeta cuarenta millones de muertos y el monstruoso holocausto.

Cuba es una empobrecida isla del Tercer Mundo, hambreada y sin esperanzas, lo que no le impidió a su gobierno participar en exitosos golpes de Estado en Madagascar y en Yemen, o que sus tropas pelearan durante quince años en sangrientas guerras africanas, tanto en Angola como en Etiopía.

Chávez, con los petrodólares, el auxilio y la dirección de los cubanos, expertos y fogueados, está construyendo el mayor ejército de habla hispana. Un millón doscientos mil hombres que tendrán a su disposición la más destructiva fuerza aérea de toda Sudamérica.

Cuando este aparato esté engrasado no vacilará en utilizarlo, como sucedió con las fuerzas armadas cubanas. Una vez que el órgano esté disponible, inevitablemente se pondrá en funcionamiento. No importa que Chávez esté loco. Los locos también matan.

sábado, 15 de agosto de 2009

En la lucha por la libertad

Por Alexander Solyenitzin

Todo el mundo es alfabeto, todos saben leer y, sin embargo, parecería que no quieren comprender. La humanidad se comporta como si no hubiera comprendido qué es el comunismo; no quiere comprender, no es capaz de comprender……

Creo que no se trata sólo del disimulo comunista de los últimos decenios. Se trata de lo siguiente: la esencia del comunismo se encuentra fuera de la comprensión humana. En realidad, resulta imposible creer que los hombres lo hayan programado y lo realicen así.

En mi anterior discurso hablé bastante acerca del sistema estatal soviético, cómo se formó y cómo es actualmente. Pero quizá es más importante hablar de la ideología que le dio base, lo creó y lo conduce. Mucho más importante es comprender la esencia de esta ideología y, lo que es más importante, su acción constante, que no se modificó, en absoluto, durante ciento veinticinco años. Quedó tal como nació.

Que el marxismo no es una ciencia, la gente culta de la Unión Soviética lo sabe claramente. Hasta resulta incómodo decir que el marxismo es una ciencia. Fuera de las ciencias exactas, las fisicomatemáticas y naturales, la sociología contemporánea si predice un acontecimiento cualquiera lo hace indicando dónde puede ocurrir, en qué términos, en qué forma, y cómo ha de ocurrir el hecho. El comunismo nunca hizo tales pronósticos.

Siempre fue una declamación. Declamación acerca de la derrota de la burguesía mundial por parte del proletariado mundial y, luego sobre la formación de una sociedad más radiante y dichosa, donde se realizaría la fantasía de Marx, Engels y Lenín. Ninguno de ellos hizo una descripción del tipo de sociedad que organizaría. Decían simplemente: la más luminosa, la más dichosa; todo será para el hombre…..

Respecto de la predicción de que bajo el socialismo, el Estado tendería a desaparecer, o que en cuanto el capitalismo fuera derrotado enseguida el Estado se atrofiaría, pueden verlo ustedes. ¿Dónde existen Estados tan poderosos como en los así llamados países comunistas?

El comunismo es un intento tan torpe de explicar la sociedad y el hombre, como si un cirujano se valiera del hacha del carnicero para una delicada operación. Todo lo que hay de delicado y agudo en la psicología individual y en la organización de la sociedad –un organismo todavía más complicado- lo reducen a un grosero proceso económico. Toda esta creación –“el hombre”- se reduce a materia.

Es propio del comunismo una carencia tal de argumentos que, en nuestros países, no tienen nada que contraponer a sus oponentes. No hay argumentos, y por eso los palos, la prisión, los campos de concentración, las clínicas psiquiátricas forzadas.

El marxismo siempre estuvo contra la libertad. Haré algunas citas: Marx a Engels: “Las reformas son un signo de debilidad”. “La democracia es más temible que la monarquía y la aristocracia”. “La libertad política es una falta de libertad; es peor que la peor esclavitud”. Ambos dicen, en su correspondencia, que después de la toma del poder el terror es necesario, sin duda alguna. Dicen repetidas veces: “Habrá que repetir 1793. Después que lleguemos al poder nos considerarán monstruos, lo que nos importa muy poco”.

El comunismo nunca ocultó su negación de los conceptos morales absolutos. Se mofa de las nociones de bien y mal como categorías absolutas. Considera la moralidad como un fenómeno relativo a la clase. Según las circunstancias y el ambiente político, cualquier acción, incluyendo el asesinato, y aún el asesinato de millares de seres humanos, puede ser mala como puede ser buena. Depende de la ideología de clase que lo alimente.

¿Y quién determina la ideología de clase? Toda la clase no puede reunirse para decidir lo que es bueno y lo que es malo. Pero debo decir que, en este sentido, el comunismo ha progresado. Logró contagiar a todo el mundo con esta noción del bien y del mal. Ahora no sólo los comunistas están convencidos de esto. En una sociedad progresista se considera inconveniente usar seriamente las palabras bien y mal. El comunismo supo inculcarnos a todos la idea de que tales nociones son anticuadas y ridículas.

Pero si nos quitan la noción de bien y mal, ¿qué nos queda? Nos quedan sólo las combinaciones vitales. Descendemos al mundo animal. Y por esto, la teoría y la práctica del comunismo son absolutamente inhumanas. Existe una palabra que tiene amplia divulgación: “anticomunismo”. Es una palabra mal compuesta y carece de sentido. Está compuesta de tal modo que parece ser que el comunismo fuera una cosa eterna, fundamental y básica. El anticomunismo y los anticomunistas se determina por relación al comunismo. ¿Por qué digo que esta palabra está mal construida? Por que la compusieron hombres que carecen de nociones etimológicas: la concepción eterna, la concepción permanente es la humanidad. Y el comunismo es la antihumanidad. Quien dice anticomunista dice contra lo antihumano. Una mala construcción. Hay que decirlo así: lo que está en contra del comunismo está a favor del hombre.

¡No reconocer y negar la ideología comunista del odio contra la humanidad es el verdadero humanismo! No se trata de una fórmula partidista sino de una protesta de nuestra alma contra quienes nos dicen: olviden las nociones del bien y el mal.

Aparte de todos sus libros ¿qué ejemplos ofreció el comunismo a la humanidad de hoy? Retumbaron los tanques en Budapest. No importa. Retumbaron los tanques en Checoslovaquia. No importa. A cualquier otro no se lo hubieran perdonado, pero al comunismo se le puede perdonar. Valiéndose de un monstruoso procedimiento, como si Dios quisiera castigarlo restándole toda razón, el comunismo levantó el muro de Berlín. ¡En realidad es un símbolo monstruoso! Muestra lo que es el comunismo. Durante catorce años consecutivos fusilan a los que intentan transponerlo para escapar de la dichosa sociedad comunista.

¿Convenció a alguien el muro de Berlín? De nuevo, no. De nuevo, lo ignoran. Sí, está allí, pero no nos alcanza. Nosotros no tendremos un muro así. En los países comunistas inventaron el tratamiento psiquiátrico forzado. No importa. Nosotros vivimos tranquilos. Allá, tres veces al día…..ahora mismo, efectúan la visita de la tarde, inyectan sustancias que arruinan el cerebro. No importa. Nosotros vivimos tranquilos.

Quiero recordarles, especialmente, que el comunismo se desarrolla como un tallo, como un tallo único sin modificaciones, como se está pretendiendo ahora. Sí, Lenín desarrollaba el marxismo y ocupaba el primer plano con su intolerancia ideológica. Al leer sus obras uno se asombra por el cúmulo de odio originado en mínimos desacuerdos, cuando las opiniones difieren por un pelo. Lenín desarrollaba el marxismo en la dirección de su odio hacia el género humano. Antes de la Revolución de Octubre, Lenín escribió las “Lecciones de la Comuna de París”. Analizaba por qué la Comuna fue derrotada en 1871. Y esta fue su principal deducción: fusiló muy poca gente. La Comuna no aniquiló suficiente cantidad de personas. Había que aniquilar clases enteras. Una vez llegado al poder demostró cómo se hacía.

Después inventaron la palabra “stalinismo”. Y tuvo gran aceptación. Y ahora, en Occidente, dicen frecuentemente: ojalá que la Unión Soviética no retorne al stalinismo. Pero nunca hubo tal stalinismo. Esta es una invención del grupo de Khruschev para adjudicarle a Stalin todos los rasgos distintivos y todas las culpas fundamentales del comunismo. Y tuvo mucho éxito. Sin embargo, Lenín tuvo tiempo sobrado de cumplir el tramo principal antes de Stalin. Fue él quien engañó a los campesinos con la tierra, quien engañó a los obreros con la autonomía administrativa, quien convirtió a los sindicatos en organismos de represión, quien creó la Checa, quien creó los campos de concentración, quien se valió de las tropas para aplastar, en todas las naciones limítrofes, los movimientos nacionales y, así, ensanchar el Imperio.

Lo que hizo Stalin, movido por su inseguridad, fue lo siguiente: allá donde era suficiente encarcelar a dos personas para amedrentar a los demás, encarcelaba a cien. La conducción que lo siguió, retornó a la táctica anterior. Allá donde es necesario encarcelar a dos personas, se encarcela a dos personas y no a cien. Stalin era culpable ante su propio partido, porque no confiaba en el propio partido comunista. Y sólo por esto inventaron el stalinismo. Stalin no se apartó de aquella misma línea en nada. Y cuando se erigió el bajorrelieve de Marx-Engels-Lenín-Stalin, pudieron agregar todavía a Mao Tse Tung, Kim Il SPNG y Ho Chi Minh. Todos ellos forman parte del tallo, el mismo y único tallo.

Ahora se acepta en Occidente la siguiente teoría en cuanto a China, allí, el comunismo es puro, existe el comunismo puritano, no degenerado. En China duró más tiempo la fase del comunismo de guerra o comunismo cuartelero, implantado por Lenín en Rusia, donde se mantuvo sólo hasta 1921. Lenín lo implantó, no por exigencias militares. Lo implantó porque así pensaban, así se representaban la nueva sociedad. Pero cuando bajo la presión de la situación económica hubo que retroceder, introdujeron la NEP. Y retrocedieron. Pero en China, esta fase se mantuvo más tiempo. Los rasgos característicos de China, hoy, derivan del trabajo forzado de masas, sin una remuneración adecuada a su valor, con trabajos adicionales los días feriados en grupos comunales y el adoctrinamiento a fuerza de lemas que anulan al ser humano. El hombre, así, deja de ser un individuo.

Cualquiera que haya visto alguna vez aunque sea un pequeño fragmento del marxismo, sabe que la sociedad sin clases implica que no habrá partidos. Quiere decir que el mismo día se dijo que habrá un sistema multipartidario y que se estrangulará a todos los partidos. Y esto último no se escucha, pero se escucha lo primero. Y todos repiten: habrá un sistema multipartidario……Estos son los procedimientos comunistas.

La ideología que ellos defienden propone aniquilar vuestro régimen. Es su finalidad desde hace ciento veinticinco años. Nunca ha cambiado. Sólo los métodos han cambiado un poquito.¡Y cuando se lleva a cabo el aflojamiento de la tensión, la convivencia pacífica y el comercio, insisten en que la guerra ideológica debe continuar! ¿Y qué es la guerra ideológica? Un cúmulo de odio, la repetición del juramento: el mundo occidental debe ser aniquilado.

Como otrora en el Senado de Roma un famoso senador terminaba sus alocuciones con la sentencia: “Cartago debe ser destruida”, también hoy, en cada acto de comercio o de relajamiento de la tensión, la prensa comunista, las instrucciones reservadas y miles de conferenciantes repiten: ¡El capitalismo debe ser aniquilado!

(Fragmentos de “En la lucha por la libertad” de Alexander Solyenitzin – EMECE Editores SA – Buenos Aires 1976)

¿Qué es el socialismo?

El socialismo es, ante todo, un conjunto de ideas que conduce a una sociedad ideal. En tal sociedad, se supone, todo funcionará armónicamente. Dejarán de existir los conflictos entre los distintos seres humanos debido a la óptima planificación de los recursos y la producción.

Para llevar a cabo esa sociedad ideal, se parte de la creencia de que “no existe la naturaleza humana intrínsecamente”, en la expresión de Adolfo Zerboglio, es decir, se supone que es el sistema de producción el que determina los pensamientos y acciones humanas, y no a la inversa. De ahí que sería cuestión de buscar el mejor sistema de producción y los seres humanos se adaptarán al mismo en cierto lapso de tiempo. Esta vez no deberíamos adaptarnos a la voluntad de Dios, o al orden natural, sino a la planificación social hecha por un hombre.

Es por ello que la libertad no es considerada como algo esencial para el socialista, por cuanto se considera que la libertad es un valor dentro de la sociedad capitalista, y que no ha de ser esencial en la sociedad comunista.

El socialismo presenta dos fases que es necesario tener presentes. Una es la etapa de transición desde el capitalismo al socialismo, en la que se hacen severas críticas al primero sin tratar de mejorarlo, sino que se busca reemplazarlo a través de la revolución, que puede adquirir características violentas. La segunda fase comienza con la “dictadura del proletariado” y sigue con la consolidación de la sociedad planificada y la adaptación mencionada.

Mientras que, para el pensamiento liberal, es prioritario el individuo antes que la sociedad, para el socialista es prioritaria la sociedad antes que el individuo, de ahí que, para él, la vida individual tiene poco valor, y menos aún la tendrá la de los opositores.

En cierta forma suponen constituir una especie de “clase elegida” o “pueblo elegido”, por cuanto atribuyen al capitalismo estatal (socialismo), y a la dictadura del proletariado, características de pleno humanismo, mientras que observan a los empresarios, comerciantes y profesionales (la burguesía) como personas carentes de aquellos atributos.

Describen la sociedad capitalista en una forma negativa, que no admite mejoras, sino que proponen su total derrumbamiento. Sostienen que existe una lucha entre opresores y oprimidos, que culmina con la explotación de estos últimos. Por el contrario, pueden verse en sociedades reales muchos “burgueses” que no presentan tales características, mientras que la competencia se da entre distintos empresarios, siendo los empleados y accionistas aliados de aquél para quien trabajan o en cuya empresa invierten su capital.

Así como muchos alemanes, luego de haber escuchado una, diez, mil, un millón de veces, que la culpa de todos sus males, y de Alemania, la tenían los judíos, lo que provocó el holocausto, los marxistas repiten una, diez, mil, un millón de veces, que la culpa de todos los males la tienen los burgueses explotadores, lo que también llevó al mayor genocidio del cual se tenga noticias (especialmente en la ex URSS y China).

Ante esa prédica, no es extraño que la “dictadura del proletariado” sea ejercida por gente llena de odio contra la clase burguesa (en general, la gente decente) y cuyas acciones estén motivadas por cierta necesidad de venganza.

Al promover la expropiación y estatización de los medios de producción, se concentra el poder económico en un partido, o en una persona, situación altamente riesgosa para los opositores, que son considerados “enemigos”.

En la sociedad ideal, existe igualdad de derechos, pero no de obligaciones, ya que se adopta aquella expresión de Marx: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad”. De ahí que los más capaces para trabajar deban hacer mayores aportes que los menos capaces, pero todos recibirán beneficios en forma igualitaria. Parece ser, sin embargo, que a pesar de los muchos años de comunismo en varios países, la población simplemente optó por trabajar al menor ritmo posible.

Mientras que el empresario, en una sociedad libre, debe innovar y aumentar la productividad, para no verse desplazado del mercado, el empresario, en el socialismo, no tiene esas necesidades, ya que sólo debe adaptarse a lo que viene planificado por los políticos a cargo de la planificación central. De ahí las grandes diferencias entre calidades en productos destinados a una misma utilidad.

En la sociedad libre han de ser los aspectos afectivos, es decir, netamente humanos, los vínculos de unión entre los hombres, mientras que en el socialismo han de serlo los medios de producción y el trabajo. En lugar de proponer una gran familia, el socialista propone una gran sociedad anónima.

Como los marxistas se consideran un sector “iluminado”, poseedor de la “verdad”, están deseosos de “liberar” a otros pueblos de la opresión capitalista, de ahí que en ellos surgen ambiciones imperialistas, especialmente cuando poseen cierto nivel de armamento.

No es fácil convencer a quienes siempre tienen en la mente una sociedad ideal, planificada, el socialismo, al cual se le opone una sociedad real e imperfecta. De todas formas, para ejemplificar las ventajas de la propiedad privada respecto a la propiedad estatal, considérese el caso de los elefantes y las jirafas, que no son de nadie (o son del Estado) estando en vías de extinción, mientras que los animales domésticos y el ganado, crecen en número por cuanto tienen dueños que los cuidan adecuadamente.

La muralla de Berlín, y otros aspectos carcelarios, no presentan inconvenientes a quienes aspiran a ocupar los puestos altos en la sociedad comunista que promueven. También es vista con agrado por quienes tienen muy pocas aspiraciones y que, en una sociedad igualitaria, se verán liberados de tener que envidiar a aquéllos que tienen proyectos, ambiciones y capacidad suficiente para hacerlos realidad.

El físico Andrei Sajarov, respecto de la sociedad soviética, expresó: “Atrincherada en su bienestar la minoría satisfecha…..”, haciendo referencia a la etapa en la que siempre queda estancada la utopía socialista, es decir, en la dictadura del proletariado y en el capitalismo estatal. Podemos decir que el mayor enemigo de esta utopía es la propia naturaleza humana.